viernes. 29.05.2026

La canariedad: cuando un pueblo recuerda quién es

Oswaldo Betancort, presidente del Cabildo de Lanzarote (3)
Oswaldo Betancort, presidente del Cabildo de Lanzarote.

 

En vísperas de la celebración del Día de Canarias, no quisiera dejar pasar la ocasión para hacer una reflexión, con la mirada algo más distante, sobre lo ocurrido hace unas semanas en torno al buque Hondius y la gestión de la crisis sanitaria. Creo ahora que aquello no fue solo una polémica política ni una controversia mediática más. Fue, quizá sin pretenderlo, un espejo en el que muchos canarios, lanzaroteños y gracioseros volvimos a mirarnos.

Mientras algunos optaban por la caricatura y el desprecio, el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, logró proyectar una imagen que ha trascendido el Archipiélago, defendiendo esta tierra con algo que hoy resulta casi revolucionario en política: mesura, inteligencia y firmeza institucional.

Pero, sobre todo, lo que logró, en mi opinión, fue algo mucho más importante: el despertar de algo que quizá llevaba demasiado tiempo dormido en la sociedad isleña: la conciencia de pertenecer a un pueblo con identidad propia y orgullo de pertenencia, la canariedad. Algo menos visible y, probablemente, mucho más relevante: una reacción de defensa de nuestra dignidad como pueblo, que aglutinó, a lo largo y ancho de las ocho islas, un sentimiento generalizado y compartido de identidad y respeto hacia quienes somos, más allá de las siglas partidistas con las que cada canario y canaria se identifica y del lugar de nacimiento de todos los que somos y nos sentimos canarios. Sin olvidar que somos un pueblo solidario donde los haya, como bien hemos demostrado en Lanzarote, tantas veces convertida en puerta de entrada de la inmigración.

Ese sentimiento de canariedad ya encontró en el pasado una expresión sólida. Hubo un tiempo en el que las fuerzas nacionalistas llegaron a tener hasta cuatro diputados en el Congreso, con capacidad real de influencia en Madrid y de situar los intereses del Archipiélago en el centro de negociaciones decisivas. Aquello no ocurrió por casualidad. Respondía, en gran parte, a una conciencia colectiva más fuerte, a una ciudadanía que entendía que defender Canarias —y, por tanto, Lanzarote y La Graciosa— exigía también voz propia y peso político allí donde se toman las decisiones.

Por ello, como presidente del Cabildo de Lanzarote, pero también como canario y lanzaroteño, hoy considero tan urgente como necesario e inaplazable recuperar y fortalecer el sentimiento de identidad, pertenencia y orgullo. Apelo y reivindico ese “modo canario” de ser y estar, que tantas veces ha residido en la serenidad, en la capacidad de diálogo, en la prudencia y en saber resistir sin perder la humanidad ni las formas. Y precisamente por eso, cuando el pueblo canario habla alto y claro, suele hacerlo desde una autoridad moral difícil de ignorar. Porque, a veces —y bien lo sé como presidente del Cabildo—, la verdadera fortaleza y determinación consisten precisamente en no perder el equilibrio cuando otros buscan arrastrarte al ruido.

En este contexto, entender la transformación sociológica que ha experimentado nuestra tierra en las últimas décadas es también una realidad que no podemos eludir. En apenas 25 años, Lanzarote ha experimentado un crecimiento poblacional cercano al 70 %. Hoy, aproximadamente la mitad de quienes vivimos aquí no ha nacido en esta isla, pero sí ha decidido hacer de ella su hogar. Lejos de debilitar nuestra identidad, esta realidad nos plantea un reto apasionante: construir una canariedad abierta, integradora y fuerte.

Y si hay un lugar donde esa singularidad canaria se expresa con una intensidad extraordinaria, ese lugar es Lanzarote y La Graciosa. Somos Reserva de la Biosfera. Somos Geoparque Mundial. Recientemente, Lanzarote ha sido reconocida por Naciones Unidas, a través de la FAO, como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), convirtiéndose en la primera isla europea en recibir este reconocimiento por un modelo agrícola único en el mundo, fruto del ingenio, el esfuerzo y la capacidad de adaptación de generaciones de campesinos sobre una tierra volcánica tan hostil como extraordinaria y bella.

Es solo un ejemplo, pero no es un reconocimiento cualquiera. El mundo nos está diciendo algo importante: precisamente aquello que nos hace diferentes es también aquello que posee un valor universal. Es el espíritu del legado visionario de nuestro lanzaroteño universal, César Manrique, quien supo entender como nadie que el verdadero progreso solo es posible cuando se protege el alma de un territorio.

Junto a esa actitud, hoy más que nunca debemos reivindicar la recuperación de nuestra memoria, nuestra cultura, nuestras tradiciones, nuestros deportes autóctonos, nuestro patrimonio, nuestro modo de hablar, nuestro folclore y nuestra identidad. Ahí se enmarca la apuesta que impulsamos desde el Cabildo de Lanzarote por iniciativas como Raíces Atlánticas, la Feria de las Tradiciones de Lanzarote y La Graciosa, que reivindica nuestra cultura popular, nuestros oficios, nuestros juegos tradicionales, nuestra gastronomía y nuestra memoria compartida. También el inicio del procedimiento para proteger el Juego del Palo de Lanzarote como Bien de Interés Cultural Inmaterial, entendiendo que conservar estas prácticas tradicionales es también conservar parte de nuestra memoria colectiva. O el convenio firmado con la Lucha Canaria, que está llenando los terreros.

Aprovechemos la oportunidad de algo más grande que estos tiempos parecen brindarnos: una renovada conciencia colectiva de lo que significa ser canario. Porque la identidad no divide; la identidad cohesiona.

Canarias seguirá cambiando. Lanzarote y La Graciosa seguirán evolucionando. Pero ojalá sepamos hacerlo sin perder nunca aquello que nos hace únicos. Y eso depende de nosotros: de los canarios y canarias, de los lanzaroteños y lanzaroteñas, de los gracioseros y gracioseras. Porque los pueblos, cuando recuerdan quiénes son, dejan de pedir permiso para ocupar el lugar que les corresponde.

La canariedad: cuando un pueblo recuerda quién es
Comentarios