jueves. 30.05.2024

Catetos e ignorantes

El domingo pasado, la artista Vanessa Alice publicó en sus redes sociales su “manifestación artística” sobre la fachada de una vivienda localizada en el municipio de Teguise. Bajo el lema, “Lanzarote, estoy enamorada de ti”, difundió en las redes sociales la ejecución de su obra artística sobre uno de los elementos patrimoniales de la isla. Tal vez, desconocía que su obra la estaba plasmando sobre la fachada de una edificación del siglo XVIII. Inmediatamente después surgió la polémica. 

En primer lugar, más allá de no estar de acuerdo con sus actos y actitudes, me gustaría condenar comentarios abusivos y descalificativos vertidos por algunas personas en las redes sociales de la artista. Se puede expresar el malestar recurriendo a argumentos, siempre desde el respeto y la educación en las formas.

Ahora bien, pintar sobre una edificación propia del siglo XVIII, uno de los pocos símbolos que quedan de la arquitectura vernácula de Lanzarote, afecta a nuestros valores patrimoniales e históricos. Personalmente, no voy a entrar a valorar si su intervención es una manifestación artística o no. Es algo subjetivo. Sin embargo, sí creo que debe haber ciertos límites, los cuales empiezan a construirse desde el respeto y la consideración por otras manifestaciones artísticas, culturales o de la índole que sea. 

Parece ser que Vanessa ya ha pedido disculpas. Sin embargo, siempre me han enseñado que las disculpas se realizan sin excusas. Eludir la responsabilidad, haciendo referencia al estado patrimonial de la isla, me parece una actitud irrespetuosa. Su mal estado no te da derecho a realizar una pintada sobre el muro de una vivienda privada, aún menos cuando desconoces el valor histórico y patrimonial que representa. 

Ya ha devuelto a su estado inicial el trozo de fachada que usó como lienzo para expresarse. Aunque los mensajes e indirectas hacia la población lanzaroteña todavía continúan. Me hubiera gustado que en su última publicación, lejos de despreciar a la sociedad isleña, hubiera hecho autocrítica e invitara a cuidar y proteger los valores naturales y culturales de la isla. No obstante, “le da más ganas de pintar en sitios donde la gente sepa disfrutarlo y valorarlo”, tal y como dice. 

Calificar a nuestra sociedad como “cateta e ignorante” por no respetar su intervención, no deja de ser un absoluto desprecio a nuestra inteligencia. Seguramente desconozca que existe una lucha continua por la protección de nuestros valores patrimoniales, culturales, históricos, artísticos y naturales, tras un desarrollo turístico incontrolado. Desconoce, lo que le ha costado a esta sociedad salir adelante con ingenio y sudor. No sabe del valor histórico que esas “ruinas” tienen como legado de un tiempo en el que se usaron técnicas y materiales que tal vez sean únicos. Quizás, nada conoce de lo que este  pueblo isleño tuvo que hacer para conseguir domar los elementos, luchar contra el viento, la falta de agua…  Nada sabe, pero nos califica de catetos e ignorantes.  

Tal vez, incluso, hasta desconozca las intervenciones de César Manrique cuyas obras supusieron una auténtica revolución en la isla. Manrique supo ver la belleza en lo singular. Sus intervenciones se ejecutaron buscando la simbiosis con el entorno o llevando a la modernidad, a través de su obra, los elementos patrimoniales de la arquitectura vernácula de la isla.

 

Quiero hacer una invitación a la reflexión. En muchas ocasiones, tengo la sensación de que nos falta conocimiento y sensibilidad acerca de la obligación que tenemos en la conservación del legado histórico y cultural de la isla para el disfrute de las generaciones presentes y venideras. Ser propietario de un inmueble con valores a proteger es una gran responsabilidad. El Cabildo de Lanzarote, a través de su área de Patrimonio, no es responsable de arreglar propiedades privadas. Existen leyes y normativas estatales, hasta en la constitución se habla de la conservación del patrimonio, tenemos una ley canaria de patrimonio cultural, ordenanzas municipales… marcos que determinan las responsabilidades. Así mismo, existen formas de bonificar, ayudar o subvencionar a quienes quieran rehabilitar y restaurar sus propiedades con valores. ¿Qué es lo que falla entonces?

Reclamo más contundencia por parte de las instituciones. Más allá de concertar una oportuna reunión con la artista, qué propuestas tendrá el actual presidente del Cabildo de Lanzarote para mejorar la situación, qué políticas va a llevar a cabo para garantizar la adecuada protección del patrimonio histórico con valores culturales y artísticos de la isla. Qué recursos económicos, técnicos y humanos se van a destinar para ello. 

Sin lugar a dudas, la actitud de Vanessa Alice fue irrespetuosa, altiva y arrogante. Lamentablemente, es algo que está siendo común en la isla de Lanzarote en los últimos tiempos, consecuencia de un turismo masivo descontrolado. Llevamos meses aguantando este tipo de actuaciones que ponen en peligro la idiosincrasia de la isla. Falta educación, pedagogía y conciencia de nuestra historia, algo que resulta imperdonable. 

Guste más o menos, la sociedad isleña ha cambiado y seguirá cambiando. Nuestra sociedad es cada vez más diversa, y por tanto, se hace necesario establecer mecanismos para proteger, cuidar y valorar nuestros elementos identitarios.  En definitiva, cuidar lo que nos hace únicos.

Catetos e ignorantes
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