lunes. 04.07.2022

La España que se autodestruye

¡Estoy cansado!, cansado de la demagogia populista de nuestros dirigentes políticos de izquierda que se autodenominan “demócratas” y que a raíz de mala praxis política nos están llevando literalmente a la ruina y a la autodestrucción de nuestra nación.

¡Si!, han leído bien, nos llevan a la autodestrucción. Nuestro país está en franca decadencia y lo peor de todo es que esta destrucción no se produce sólo en nuestras fronteras, sino que se expande más allá de nuestros límites.

Ni siquiera hablo de hambre y miseria, pues ya he escrito varios artículos relacionados con la tasa de paro, con la deuda pública, sobre la caída del PIB, etc… La reflexión de hoy gira entorno a esas medidas que se promueven y que nos venden como algo “súper progresista”.

Hablo de temas cómo: la ocupación, el aborto o la eutanasia.

Aquellos que se suponía que nos representaban, nos animan a los jóvenes a vivir ocupando, por que es más fácil que crear viviendas de protección oficial, porque es más fácil que conceder hipotecas asequibles y de fácil acceso y porque es más fácil que conceder ayudas al alquiler.

Nos venden el aborto como algo “progre” y como una especie de anticonceptivo, porque es más fácil convencernos de ello que de ayudar a estas futuras nuevas familias a crear unas condiciones dignas para traer al mundo a ese bebé, porque es más fácil convencer a alguien de que aborte, que de tener que asesorarle, prestarle servicios sanitarios y generar las condiciones idóneas para la plenitud y desarrollo de ese nuevo miembro de la familia y porque es más fácil convencer a los jóvenes de abortar, que tener que crear unas condiciones idóneas para que puedan labrarse un futuro y un proyecto de vida.

Nos venden la eutanasia como algo “progre”, porque no te quieren contar que España se encuentra a la cola de Europa en lo que a cuidados paliativos se refiere, con 0’6 servicios especializados por cada 100.000 habitantes (muy alejado de las recomendaciones internacionales; 2 por cada 100.000 habitantes), pero claro, es más fácil adoptar la misma medida que ya tenía implantada Adolf Hitler en Alemania desde 1940, a tener que invertir en garantizarnos un muerte digna y proporcionarnos los cuidados necesarios para evitar el dolor en los últimos instantes de nuestra vida.

Es más fácil, rápido y económico para el estado que alguien sin recursos se decline por el suicidio asistido, así dejará de “ser una carga” para el estado y para sus familiares.

Cuando analizas todo esto, te paras a recapacitar y piensas: ¿En qué clase de personas, nos están convirtiendo?, ¿En qué se está transformando nuestra sociedad?, ¿Por qué no exigimos lo que realmente merecemos?, ¿Por qué seguimos comprando estos discursos populistas y dando por hecho de que tienen la razón?

Por favor, recapacitemos antes de que sea demasiado tarde y ya no haya vuelta atrás.

La España que se autodestruye
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