lunes. 26.09.2022

El fantasma de Maneje

Imagen Maneje.

Como cada noche de vuelta a mi casa tras una larga jornada laboral, hago una breve parada en una conocida estación de servicios localizada en pleno centro del barrio de Maneje, sin embargo al tomar la última recta que se distingue entre la pequeña rotonda de la calle Tenderete y dicha estación, me veo en la obligación de aminorar drásticamente la velocidad y extremar la cautela por temor a que se manifieste el fantasma de Maneje.

Sí. Han leído bien, el fantasma de Maneje. Se aparece en mitad de la carretera casi todos los días pasada la medianoche y te detiene el vehículo casi con su propio cuerpo. No busca infligir daño, simplemente pide una limosna o algo que comer. En ocasiones se la ve rondando por las zonas colindantes de la misma estación acercándose a los vehículos que repostan y de manera insistente intenta sacarles alguna moneda.

Supongo que será un fantasma o un espectro aquella señora de aspecto desgreñado con  chaqueta roja que se aparece cada noche en el mismo lugar, pues no encuentro explicación alguna de como tras innumerables llamadas al 112 en el transcurso de los días tanto por mi parte como por la de algunos vecinos que comparten la misma preocupación, los servicios sociales y los organismos públicos competentes no se hacen cargo de esta situación antes de que ocurra una tragedia.

Quizás nuestro excelentísimo ayuntamiento de Arrecife esté demasiado ocupado organizando nuestras próximas fiestas locales y estudiando que famoso cantante traer la próxima ocasión para garantizarse una buena suma de votos (cueste lo que cueste) y nuestra querida alcaldesa doña Astrid María Pérez Batista esté demasiada ocupada enmarcando su foto con Luis Fonsi como para dar prioridad a los problemas reales que aquejan a la ciudadanía. Está claro que esa señora necesita atención psicológica y necesita dejar de ser un fantasma. Necesita que alguien la oiga y necesita que dejemos de mirar hacia otro lado cuando la vemos vagar en medio de la carretera.

Me despido con unas últimas líneas (y aunque estén situadas en último lugar no por ello son menos importantes) sólo quería decirle a aquéllos jóvenes de la estación que se divirtieron lanzándole unas monedas al piso que ojalá nunca se vean en esa situación y que si alguna vez acaban de esa forma tan trágica, espero que nadie tenga tan poca humanidad y empatía como para humillaros de esa forma tan vil y cruel.

El fantasma de Maneje
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