martes. 05.07.2022

Pandemia vírica, corrupción endémica

Mucho se está hablando de que el virus que provoca la COVID19 va camino de convertirse en una enfermedad endémica con la que vamos a tener que convivir como si de una gripe mas se tratase.

La diferencia entre pandemia y endemia radica en que la primera es una enfermedad que afecta, de forma puntual o temporal, a muchos países a la vez, mientras que la segunda se instala prácticamente de forma definitiva entre la población, siendo una enfermedad con la que aprendemos a convivir.

La pandemia termina desapareciendo mientras que la endemia se queda para siempre.

En lo que afecta a la salud física de los ciudadanos, una enfermedad endémica se cura, bien con medicación o con vacunación, mientras que la corrupción endémica, que afecta a los mismos ciudadanos,  no lleva solución, no hay medicamento que la cure ni ley que la erradique.

En Lanzarote llevamos demasiados años de historia política, en los que la corrupción ha pasado de ser una pandemia puntual a convertirse en algo consustancial a nuestros empleados políticos, es decir, a ser un mal endémico.

Hay demasiados ejemplos que demuestran que lo que escribo no es simplemente una opinión basada en pensamientos personales carentes de fundamento.

No es solo tirar de hemeroteca político-judicial para darse cuenta de esto, con juicios, juicios y más juicios sobre actuaciones corruptas de los políticos conejeros. Y digo corruptas y no presuntamente corruptas porque hay numerosas sentencias que así lo califican.

Pero lo malo es que los políticos son los únicos seres, por no denominarlos con algo más grueso, que no escarmientan en cabeza ajena. Con la que ha caído en los últimos años, en la que no ha escapado casi nadie, ni político ni partido, parece increíble que los actuales cerebros privilegiados que nos gobiernan sigan cayendo en el mismo pozo de corrupción que sus antecesores.

Visto lo visto y sin que sirva de precedente, voy a estar de acuerdo con una afirmación que una concejala socialista ha hecho público hace poco.

Cuando una de las concejalas que más ha trabajado en los últimos años por el bien hacer de la política municipal, que más se ha esforzado en que el ayuntamiento capitalino sea un modelo de gestión pública, que ha perdido hasta la salud exprimiendo sus, cualificadas, neuronas, en la elaboración de los complicadísimos presupuestos municipales, cuando alguien con esa extraordinaria formación afirma, sin cortarse un pelo, que la alcaldesa y el jefe de los CC municipales son corruptos, tiene razón.

Pagar VEINTE MILLONES DE EUROS por una parcela de 1.600 metros cuadrados a unos amigotes es evidente que constituye un delito de dimensiones casi tan planetarias como las que planteaba en su día otra socialista ilustre, que llego a afirmar que se había producido una conjunción interplanetaria que juntaba al Presidente Estadounidense con el ilustrísimo Presidente Zapatero, por el bien de la humanidad.

Si después de esta acusación, que incluye delitos tales como malversación de fondos públicos, tráfico de influencias, prevaricación y otras lindezas judiciales de similar calibre, si después de que la concejala publicara este pago realizado con nocturnidad y alevosía, los acusados del hecho no han ido al juzgado a denunciarla por injurias, calumnias y otras consideraciones penalmente punibles, es que lo que ha dicho la socialista es cierto.

No sirve, por lo menos para mí, que se haga la vista gorda y se enmarquen las declaraciones en el fragor del desengaño amoroso sufrido por los concejales/as socialistas expulsados/as por vagos y vagas, inútiles e inutilas, desleales y deslealas y otras consideraciones poco agraciadas referentes a sus cualidades políticas como miembros/as del grupo de gobierno.

La acusación es de tal calibre que no queda otra que irse al juzgado a que un juez determine si el pago es un delito o es una consecuencia del cumplimiento de una sentencia judicial.

Cuando se acusa de algo tan gordo y el acusado no se defiende donde debe, es por una sola razón, es culpable.

Y aunque solamente fuera para poner en su sitio a la despechada y, sobre todo, para que a los políticos se les quite la tontería que tienen encima desde el día siguiente que les ponen el galón en la solapa y, fundamentalmente, porque en política no cabe todo para desprestigiar al enemigo, tanto Miss Avenida como Míster Negociador ya han tardado demasiado en pedir un taxi a la Medular.

Y si no lo hacen ¿saben ustedes el porqué?, porque en el fondo, tanto a los unos como a los otros les importa un carajo la opinión de los ciudadanos, llámame cerdo y échame pienso, ande yo caliente ríase la gente, qué más da que me acusen si el tiempo lo olvida todo.

Pero no se crean que esto solo pasa en Arrecife, la corrupción endémica también está instalada en otros municipios, sino tiempo al tiempo que en Teguise, por nombrar uno al azar, más de uno se va a llevar una sorpresa.

Pandemia vírica, corrupción endémica
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