jueves 21/10/21

La historia de Carlos Soler, el hilo del ovillo

En Canarias sufrimos un ovillo de abyección, de acoso y derribo rencoroso de toda persona que se atreva a cuestionar las malas mañas del poder.

Un ovillo de historias de carreras truncadas, de empresas arruinadas, de vidas destrozadas. Un ovillo de casos que no se conocen, porque sus víctimas temen más represalias todavía o porque, simplemente, no pueden demostrar lo que se les hizo.

Existe una persona que, con gallardía, no ha dudado nunca en contar sus casos - casos, porque ha tenido varios- y, además, porque, siendo funcionario, ha podido demostrar las agresiones, y todas las retorsiones que sufrió llegaron a los tribunales y terminó por ganar las querellas que interpuso.

Él, el ingeniero Carlos Soler, ganó las causas y su perseguidor, el Gobierno de Canarias, tuvo que devolverle los haberes que le había robado con tanta saña. 

No es un caso único, hay mucha gente que ha visto restituidos sus derechos atropellados por unos gobernantes exasperados por el resentimiento.

Y también hay muchísimas otras personas que no han podido probar las agresiones recibidas pero que no por ello esas agresiones no fueron menos reales ni menos crueles. Una larga, terrible, de gente arrollada sin piedad. Pequeñas empresas quebradas, gente literalmente en la calle o, si están todavía en edad, en la emigración. Quien quiera nombres, que me pregunte.

Sin embargo, haya podido o no resarcirse estas víctimas de los perjuicios que se les causaron, quien nunca ha obtenido reparación por el mal causado, ingente mal causado, es el pueblo canario.

Todas esas represalias perpetradas por los gobernantes, comparten la misma causa. Su protagonista no se avino a aceptar las corrupciones, los fraudes, los amaños, las mentiras para justificar proyectos de todo tamaño innecesarios o adjudicados de mala manera.

El resultado es lo que tenemos. Una maraña de infraestructuras enormes, grandes, medianas y pequeñas que no cumplen función ninguna o están notablemente sobredimensionadas en relación con la necesidad que se supobe que cubren. Terminales, puertos, tranvías, rotondas, circunvalaciones, carreteras, recintos feriales, teatros y auditorios, obras públicas varias… todo lo que se quiera, hasta llegar al Salto de Chira o los trenes de 50 kilómetros…

Pero también una constelación tenebrosa de contratos adjudicados y pagados, pero no ejecutados, profesionales de todo pelaje, asesoramientos, estudios de lo obvio, todo lo que haga falta para justificar la transferencia de dinero público a diversos bolsillos privados.

Una montaña descomunal de recursos públicos, por los que el pueblo canario no obtiene beneficios o servicios, o, en el mejor de los casos, los recibe de manera deficiente.

Y sin olvidar un tejido empresarial agraviado, de pequeñas organizaciones y profesionales que no pueden competir en condiciones limpias, porque el sector público adjudica las contrataciones en función del interés personal o político de que decide, no atendiendo a los ´méritos y capacidad.

Volvamos a Carlos Soler. Una muestra paradigmática. No solamente porque se sabe lo que le hicieron, sino porque comprobamos la cantidad de aprovechamientos que el pueblo canario ha perdido, porque las administraciones no han querido aprovechar los conocimientos de un profesional que, además de honesto, demuestra una alta calidad. Estamos hablando del agua. Agua de riego, de boca y la que derrochamos alegremente con el turismo. Un motivo secular de tribulaciones en las islas. Soler se ha dedicado a predicar que el archipiélago podría disfrutar de recursos hídricos en mucha mayor medida de la que disfruta, sin necesidad de abusar de las desaladoras. Soler ha descubierto agua en todas las islas, de Lanzarote a La Palma. Quien no se estremezca con lo que cuenta Soler que está pasando con la Fuente Santa palmera, es que no ama a Canarias. Y, más nada. Con sus recomendaciones, Soler jeringa el negocio y las comisiones. No puede ser. Soler recuperó -en parte- sus derechos arrebatados. Canarias, el pueblo canarii, no. Canarias se queda sin agua. Canarias pierde para su Universidad, a profesionales destacados como este hombre. Canarias pierde un capital de conocimiento y pasa a ser gestionada por mediocres o por gente maniatada. Insisto. No es un caso aislado. Es la punta de un ovillo de miserias.

Lo que revela la historia de Soler, la punta del ovillo, explica la miseria de un pueblo condenado a la miseria, al paro, a los precios altos y los salarios bajos, porque sus gobernantes no atienden más que a sus propias conveniencias, sus rastreros intereses, económicos, políticos, incluso reputacionales. Y, a quien se les ponga por delante, lo destrozan, sin ocultarse, para que sirva de escarmiento general y no pueda fastidiar los negocios. Y sé de lo que estoy hablando.

La historia de Carlos Soler, el hilo del ovillo
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