Los medios no reflejan la realidad, sino que la recortan y la convierten en noticias según los intereses de los dueños de esos medios. Desde que se inventó la imprenta, la 'libertad de prensa' es la voluntad del dueño de la imprenta". ¿Qué es la opinión pública? Lejos de considerarla una suma de opiniones individuales que se encuentran en el mismo nivel, Bourdieu afirmaba -de forma un tanto provocadora- que “la opinión pública no existe”. Con esta aseveración, el sociólogo quiso evidenciar el carácter construido de ésta como un conjunto de opiniones “constituidas, de grupos de presión movilizados en torno a un sistema de intereses explícitamente formulados.
Un ejemplo muy claro. Para determinados medios ha sido y sigue siendo más noticia el posible "enchufe" del hermano de Pedro Sánchez que la Dana, los cribados de cáncer de mama, el caso Montoro...Muchos españoles ignoran qué es la Kitchen y conocen perfectamente los presuntos delitos de Begoña. Yo todavía los ignoro. Pero esto no es nuevo. Llueve sobre mojado. Javier Ruiz: “Ha habido tales pasadas de algunos medios de comunicación con Podemos, hemos traspasado límites éticos intolerables. Se ha publicado la ecografía de sus hijos, se han colado en su casa para hacer reportajes. Se han violado cosas que yo no doy crédito todavía. Claro que ha habido mucha ocupación mediática, para destruir la formación. Y es indudable decir esto, y lo dice alguien que discrepa con casi todo con Pablo Iglesias”. En este sentido, Ruiz aseguraba que solo le preocupaba una cosa: “Si acosando a una persona durante un año a la puerta de su casa, si persiguiendo allí donde va de vacaciones, si mandándole balas, si todas estas cosas consiguen echar a un político, cuidado. Cuidado donde estamos entrando”.
Según Pedro Vallín, qué decir de los muchos titulares dedicados a presuntos casos de corrupción de Podemos en la mayoría de los medios de comunicación, posteriormente archivados. Que el archivo de todos estos procesos no hayan ocupado grandes titulares exculpatorios no tiene mucho de particular -ni siquiera el “por ahora” que emitía, lagrimeando, uno de los periódicos madrileños más familiarizados con la insidia y la mendacidad-. Es práctica consuetudinaria de determinado periodismo dar poco énfasis a las informaciones que obligan a recoger el cable.
Tras lo descrito me parecen muy oportunas las reflexiones del periodista colombiano Reynaldo Spitaletta, que en su artículo “Periodismo prostituido”, señala que la tía Betsabé protagonista de su novela “El último puerto de la tía Verania”, una señora de mucha guasa, advertía sobre tres oficios que la mayoría de gente creía que eran muy fáciles de ejercer. Los llamaba las tres “pes”: periodista, panadero y puta. El periodismo nació en la Modernidad y la Ilustración le dio un carácter de servicio a los más desprotegidos, de vocero de los oprimidos y olvidados de la historia; y de las luchas contra las injusticias y los atropellos. Determinado periodismo en esta España nuestra, no hace falta ser muy perspicaz, tal como acabo de mostrar, para percibir que está al servicio de los grandes poderes económicos. El profesor Luigi Ferrajoli en su libro Poderes salvajes. La crisis de la democracia constitucional, a los medios los denomina poderes salvajes. Las empresas de comunicación son poderes de hecho, influyentes sobre los asuntos públicos y con agendas que no responden necesariamente a los intereses de la sociedad. Según Sánchez Noriega “tienen capacidad en el espacio político para boicotear leyes o difundir determinadas demandas y, a la vez, una gran resistencia a las imposiciones del poder político”. Pueden forjar o derribar a su libre albedrío el liderazgo en un partido político con encuestas, editoriales, artículos de opinión, selección de determinadas noticias. Son el desafío principal para la democracia en nuestros días.
En definitiva lo importante es de lo que la gente se entera, y si no se relata no se entera. Por ello, lo importante es el relato, que hegemónicamente lo construyen determinados medios. La importancia del relato la explicaba ya Antonio Machado en su libro "Juan de Mairena, Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo (1934-1936)", nos ofrece el diálogo entre su confitero y un filósofo. Éste aconseja a aquél que crea en Dios, de este modo hará mejores confites, los venderá más baratos y además ganará más dinero, porque así aumentará el número de sus clientes... A la pregunta por parte del confitero sobre si Dios existe, el filósofo contesta diciendo que «eso es cuestión baladí», que lo importante es que el confitero crea en Dios. Al cabo de un tiempo el filósofo visita de nuevo al confitero; el establecimiento lleva ahora el rótulo siguiente: «Confitería de Ángel Martínez, proveedor de Su Divina Majestad». (Parece pues que el confitero, de algún modo, ha hecho caso al filósofo.). La calidad de los confites no ha mejorado, pero el confitero que ha aprendido bien la antigua lección del filósofo, le dice a éste: «Lo importante es que usted crea que (la calidad) ha mejorado, que quiera creerlo, o, en último caso, que usted se coma estos confites y me los pague como si lo creyera».
Lo importante es el relato. No que los confites sean mejores, sino que la gente lo crea. Los relatos tienen un peso clave en la política actual y dependiendo de su creación y difusión pueden tener graves consecuencias, ya que pueden ser ficciones que nos impidan contrastar la verdad de los hechos y hacer perder a la verdad toda relevancia.
El problema descrito es ya antiguo. Walter Lippmann echaba la culpa de los problemas de la democracia sobre todo a los medios de comunicación. En su libro, "Libertad y prensa" (1920), lamentaba que la crisis de la democracia fuera una crisis del periodismo, y se preguntaba cómo podría sobrevivir a esta si la fabricación del consenso era una empresa privada no regulada. Le preocupaba que la democracia representativa se convirtiera cada vez más en un gobierno de periódicos. Estos son incapaces de trasmitir una imagen objetiva y no distorsionada de la realidad social y, por tanto, no pueden compensar la incompetencia de los ciudadanos. Ya en 1920, Lippmann se quejaba de que la prensa, cuya tarea era decir la verdad, se había convertido en portadora de propaganda: “La forma más destructiva de falsedad es la sofistería y la propaganda de aquellos cuya profesión es informar de las noticias. Las columnas de noticias son como empresas de trasportes”. Cuando, quienes las controlan se arrogan el derecho de determinar sobre qué debe informarse y para qué, la democracia es inviable. La opinión pública está bloqueada porque cuando un pueblo no puede acudir con confianza a las mejores fuentes de información, entonces las conjeturas y los rumores de cualquiera, las esperanzas y los caprichos de cada uno, se convierten en la base de gobierno”. Estas palabras de Lippmann son de total actualidad y aplicables a no pocos medios de comunicación en esta España nuestra”. No creo sea necesario citarlos. Nada más hay que ver los programas de televisión de Susana Griso, Nacho Abad, Ana Rosa Quintana y del gran Antonio García-Ferreras. De este último cabe recordar en su programa Al Rojo Vivo: "Yo voy con ello, pero esto es muy delicado y es demasiado burdo". Tales comportamientos tienen una explicación. Según Upton Sinclaire: “Es difícil que un hombre entienda algo cuando su sueldo depende de que no lo entienda”. Termino con una reflexión de uno de los maestros del periodismo, Ryszard Kapuscinski: "Para ser buen periodista hay que ser buena persona".
