sábado. 21.03.2026

Playa Quemada: cuando el agua baja más rápido que las soluciones

En Playa Quemada, como en tantos rincones de nuestras islas, el problema no es que llueva: es que no estamos preparados cuando lo hace. Cada episodio de precipitaciones intensas vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: la falta de infraestructuras eficaces para controlar la velocidad y el impacto del agua en barrancos y zonas urbanas.

Aquí no hablamos de catastrofismo, sino de prevención. El agua, cuando encuentra su camino sin control, gana velocidad, arrastra materiales y convierte calles en cauces improvisados. Y lo sabemos. Lo hemos visto. Lo hemos sufrido.

Hay además una realidad que conviene decir sin rodeos: buena parte de la costa de la isla es zona potencialmente inundable. Y no, no se van a tirar las casas. Entre otras cosas, porque el coste social sería inasumible. Por tanto, la conclusión es evidente: si no se puede retirar lo construido, habrá que proteger de forma eficiente lo que ya existe.

Lo preocupante no es solo el fenómeno natural, sino la ausencia de medidas suficientes para mitigarlo. No se trata de inventar nada nuevo. Las soluciones existen, están probadas y forman parte de la ingeniería civil más básica:

  • Sistemas de disipación de energía como tetrápodos u otros elementos que reduzcan la fuerza del agua.

  • Canalización adecuada de barrancos, respetando su dinámica pero evitando desbordamientos peligrosos.

  • Refuerzo y elevación de muros de contención en puntos críticos, especialmente en zonas urbanizadas tipo la avenida marítima. No puede ser que el muro llegue a media pantorrilla.

  • Mejora de redes de drenaje, muchas veces insuficientes o mal mantenidas.

El problema no es técnico. Es de prioridades.

Durante años, se ha construido mirando al paisaje, pero no siempre escuchando al terreno. Y el terreno, cuando habla en forma de lluvia intensa, lo hace sin contemplaciones. Ignorar esa realidad no solo es imprudente: es caro.

Conviene también aprender de errores ya cometidos. No repitamos situaciones como las vividas en barrios costeros donde la respuesta llegó tarde o mal planteada. La improvisación, en materia de agua, siempre acaba pasando factura.

Playa Quemada no necesita promesas grandilocuentes. Necesita planificación, inversión sensata y una estrategia clara de adaptación. Porque el cambio en los patrones meteorológicos ya no es una hipótesis: es una evidencia.

La pregunta no es si volverá a ocurrir. La pregunta es si, cuando ocurra, estaremos igual de expuestos.

Y esa respuesta, a día de hoy, sigue bajando con la corriente.

Playa Quemada: cuando el agua baja más rápido que las soluciones
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