lunes. 08.08.2022

Solo en casa

Para una vez que salgo, el otro día, para tomar algo con un amigo, me quedé atrapado en un váter. Acojonado, vi cómo la puerta se trancó y no había manera de salir. Hice palanca con la hebilla del cinto y pude desatascar la jodida puerta y evadirme a escape. He concluido que me voy a quedar en casa en Navidad, con la única salida de la comida semanal en Los Limoneros para la entrevista de los lunes. Y punto. Se acabó, hasta que no se despeje esto; y a la vista de lo que leo en los periódicos decreto mi reclusión voluntaria –y la de Mini, que como no habla no sé si es voluntaria o no-. Estoy acojonado, he pedido un termómetro electrónico a China, que ya me ha llegado, y ahora voy a solicitar un aparato para el dedo, un oxímetro, y así tener la clínica en casa. Luego telefonearé día sí, día también, al sabio médico Alarcó para que me instruya de acuerdo con mis síntomas, que no tienen que ser necesariamente relativos al bicho al uso, sino a otras dolencias varias que aquejan al ser humano. Solo en casa. En casa tengo de todo y lo que no, lo pido a El Corte Inglés. De aquí en adelante, mi mundo será mi casa. Me declaro prisionero voluntario, aunque tenga que soportar la televisión. Pondré documentales de la BBC, como aquel fiscal Fungairiño, que no veía otra cosa. Y como ahora está ganando el Real Madrid, pues compartiré alegrías con Zinédine Zidane y con Florentino Pérez en estas Navidades sin Navidad. De todas formas, a mí no me gustan estas fiestas; pero yo creo que dejaron de gustarme cuando me volví más pobre que las ratas. Así que he encargado un jamón pata negra al costo, en el restaurante de un amigo, y me lo comeré poco a poco y a domicilio.

Publicado en Diario de Avisos

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