miércoles. 29.06.2022

¿Llegó el momento?

Estoy soñando mucho con una casa que nunca se termina. Hay un tabique que nadie enyesa y la ubicación de la casa sufre cambios: unas veces en el Puerto, otras junto al Teide, otra en Los Cristianos, en una cuesta que termina en un erial. Pasan los años y hasta a los sueños los confunden los recuerdos, que se arremolinan en las sombras con un significado incierto. Cada vez que hablo de mis sueños, nadie me responde, como si los adivinos de esas cosas tuvieran miedo a decirme que llega el momento. O como si no entendieran un carajo de lo que pasa de noche, y de mañana, por mi mente. Al desocupado lector le importará un carajo que le cuente o no mis sueños, pero como me niego a hablar de enfermedades y de vacunas tengo que acudir a alguna otra fuente de inspiración. Para dormir he recurrido a la medicina de la NBA: la melatonina. Quizá este fármaco altere mi sueño y resucite la casa que nunca se termina de construir, ora en el Teide, ora en el Puerto, como ya he dicho. He pasado una Navidad llena de música, escuchando canciones viejas en Televisión Española, en unos programas muy bien conducidos por Santiago Segura, o quizá por Torrente. He recibido llamadas de amigos que preguntan tímidamente que cómo estoy, como si temieran lo peor. Pero, nada, la vida sigue igual, unos han nacido, otros morirán. Y la puta casa sin terminar, con el tabique sin recubrir y la vida incierta de sus habitantes a flor de piel. Al final entra un nuevo año, es inevitable: 2021. Hacienda seguirá abusando del ciudadano, los podemitas continuarán pidiendo la república y el portero de discoteca que tenemos como presidente volverá a sacar pecho por los jardines de Moncloa, con su corte de pelotas. ¿No les dije, acaso, que la vida seguía igual?

Publicado en Diario de Avisos

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