martes 30/11/21

Alexis Tejera, un ser de luz

Llevo años sin escribir un artículo de opinión. Ya no pongo mi firma ni en la lista de la compra. Tengo mis motivos. Rompo esta cronificada decisión para dedicarle unas líneas a alguien que se lo merece. Tal vez lo tendría que haber hecho unos días antes, o tal vez no, porque lo que voy a relatar no es nada nuevo ni nada que no sepa la persona sobre la que gira la historia.

Alexis Tejera se ha ido a ese lugar en el que sólo los que tenemos fe sabemos que va a estar mejor que en este jodido valle de lágrimas. Aquí, el sitio que ya conocemos, todo se parece a una gigantesca montaña rusa construida por un maquiavélico ingeniero de caminos y minas, sobre todo de minas. La vida no es otra cosa que eso, una constante subida y bajada de emociones, sensaciones y circunstancias que en la mayoría de los casos se escapan a nuestro control. Nos subimos al vagón que nos toca y palante… A Alexis le ha tocado el viaje corto, el que termina antes de tiempo y de forma abrupta, ese en el que alguien te obliga a bajar sin derecho a la queja aunque te duela el cuello por la brusquedad del maquinista y de la maniobra, uno en el que no te permiten explicar que tú en realidad querías el otro, el largo, el que se supone que viene con el billete que nos dan a todos cuando arranca la cosa.

En más de dos décadas de profesión en Lanzarote me he tropezado con todo tipo de políticos. Y digo políticos porque a la mayoría, como es el caso de Alexis, les he conocido cuando participan en algo que se ha convertido en un mal no se sabe muy bien si necesario. A algunos les interesaba conocerme a mí, sobre todo ahora que me he hecho mayor y relativamente importante, y a otros les quise conocer yo. Entre los dos grupos ha habido de todo: buenos, malos y regulares. Alexis es uno de los buenos. Y lo es porque reunía las condiciones que se necesitan para caerle bien al personal. Era lo opuesto, por poner un ejemplo ajeno a la política local y para que no se me enfade nadie, a Luis Enrique o a mí mismo, dos auténticos vinagres, dos pitufos gruñones a los que parece que el mundo nos debe algo. Un tipo cercano, amable, sensato, alguien con quien parecía imposible enfadarse. A lo mejor el Alexis que yo no conocí era un asesino en serie, un ser taimado, malvado; lo dudo. Tengo la sensación de que lo que se veía por fuera era exactamente lo mismo que había dentro.

En el valle de lágrimas tenemos seres de luz y seres de sombra, gente buena y gente mala. De los regulares, los de centro, me ocupo otro día. Por eso es tan importante insistir en eso de que basta con que los buenos no hagan nada para que los malos triunfen. Alexis Tejera era un ser de luz, alguien que con su sola presencia llenaba de alegría un espacio; esa persona que ves aparecer en un sitio y te mejora el día. No era de esos otros que empapan de pesadumbre cualquier lugar por donde pululan, o los otros otros, los vampiros que te arrancan la energía de cuajo sin que puedas hacer nada para evitarlo.  

Alexis Tejera fue un tipo currante, entregado a su particular causa. No puedo olvidar, de bien nacido es ser agradecido, que estando muy malito como ya estaba fue capaz de venir el mes pasado a la inauguración del estudio que ha montado mi amigo Chalo haciendo un homenaje a nuestro querido Santana, otro tontorrón que se nos fue demasiado pronto y sin pedirnos permiso. Vino a estar con nosotros ese día, posó contento con otros alcaldes delante de un proyecto que vio crecer y del que disfrutó en las no pocas ocasiones en las que se autoinvitaba a participar en el programa de radio que llevo haciendo ya no sé ni cuántos años. “Te dije que vendría y vine”, fue lo que me soltó un tipo que tenía palabra y la cumplía. ¡Qué raro en un político!, ¿verdad? Me dijo que a partir del 25 de octubre estaría a tope no sólo con la COPE, con todo. El día 31 me estaba explicando por qué no habían terminado todavía la obra del campo de fútbol de San Bartolomé y por qué habían tenido que poner gradas supletorias, me tiró de las orejas por decir en la radio que lo peor no fue soportar estoicamente lo duro que estaba el metal si no lo duro que había sido aguantar al mismo tiempo la solajera y la chapa de su amigo Marcos Bergaz. El día 1 de noviembre me estaba ya mandando fotos del cementerio para que comprobara que “no sólo los de Teguise habían quedado bonitos”, frase con la que ironizaba sobre mi supuesta querencia a defender exclusivamente las cosas que pasan en el municipio en el que habito. Otra vez cumplió su palabra. Estuvo hasta el último momento y hasta que su frágil salud se lo permitió pendiente de todo. Un gran tipo, uno de esos que parten de un molde que se rompe y no se rehace jamás.

Desde el lugar en el que escribo esto deprisa y corriendo veo la foto de Alexis. Mi amigo Chalo es el responsable de que esté ahí. Él se encarga siguiendo su particular criterio de poner y quitar caretos en el mural que hizo en una de las paredes de la emisora. Creo que cuando termine el artículo le diré que la cambie, que ponga una mucho más grande; sería lo justo. Seguro que estará de acuerdo. Alexis, te queremos y te echaremos de menos. Sé que lo sabes…

Alexis Tejera, un ser de luz