Más papistas que el Papa

La visita apostólica, y política, de León XIV a Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife sonrojó a mucha gente, empezando por sus señorías del Congreso de los Diputados que lo aplaudieron, de pie y durante siete minutos, en el hemiciclo símbolo de la democracia y se supone que de la decencia. 

Allí, delante de los vendedores de la “prioridad nacional” y de otros tantos fariseos que van los domingos a misa y ejercen de golfos de lunes a sábado, el Papa hizo un llamamiento al debate político sosegado, constructivo y sin insultos para volcar todas las energías y capacidades en la construcción del bienestar ciudadano. Mucho pide el sucesor de Francisco.

León sacó además la bandera de la solidaridad con un mensaje contundente dirigido a España y Europa sobre el fenómeno de la movilidad humana y el compromiso humano de atender y acoger a mujeres, hombres, niños y niñas que siguen rifándose la vida en su incierta travesía de África a las costas europeas.

Por supuesto, sabía el Papa que delante tenía a los beatos de PP y Vox y también sabía el jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano que lo estaban viendo y escuchando fuerzas progresistas cuando criticó el aborto y la eutanasia, todos mensajes perfectamente calculados, como los que lanzó en la veintena de actos que protagonizó durante su visita de siete días a España.

El fenómeno migratorio estuvo en el centro de sus discursos y homilías, en un contexto humanitario de acogida de personas inmigrantes, especialmente por parte del archipiélago canario, y del proceso de regularización que tiene en marcha España. Por primera vez un jerarca de la Iglesia católica visitaba Canarias, fue el primer gesto del Papa antes de pisar suelo español.

Las Raíces es el nombre del centro de acogida de inmigrantes en Tenerife, que hoy alberga a 750 personas, la mayoría musulmanas, que León XIV decidió visitar. Antes, había estado en el puerto grancanario de Arguineguín, otra localización testigo del drama migratorio.

En este último recordó que la dignidad humana no tiene pasaporte: “no podemos acostumbrarnos a contar muertos”, espetó. Allí estaban eminentes políticos y políticas con carita de “León, esto no es conmigo” , pero políticos y políticas que para salir en fotos y vídeos tuvieron que pagar el alto precio de aguantar  calor y digerir el discurso de su Santidad.

En Las Raíces, personas inmigrantes dijeron al Papa lo que todas y todos sabemos: “venimos a trabajar, cuidar a nuestras familias y vivir con dignidad”. No hace falta que viniera el Papa para entenderlo, pero siempre es oportuno recordarlo ante nuestra indiferencia. No obstante, una mujer africana dio en el clavo avisando que, despedido el Papa, la vida sigue igual, miedo, tristeza, soledad e incertidumbre. Para los creyentes, las oraciones y la bendición de León son esperanza, pero no solucionan problemas. Estamos en manos de mortales y no de Jesús resucitado.

El “todo, de algún modo, somos migrantes” del Papa entró por un oído y ya salió por el otro. La realidad de grandes carpas blancas de Las Raíces llenas de literas y mantas azules que vimos en las fotos no son ni sombra de las historias estremecedoras que hay detrás de cada ser.

Seguiremos escuchando el discurso del odio de los patriotas, esos que llevan pulseritas con los colores de la bandera de España, y seguiremos viendo el uso del odio contra la inmigración en las próximas campañas electorales. Nunca sabremos si al final de nuestros días Dios será capaz de perdonar a los hipócritas.