Sacos de arena y política de corto alcance

Hay ciudades que se preparan para el futuro.
Y luego está Arrecife.

Cada vez que llueve, la capital de Lanzarote entra en un déjà vu colectivo: calles inundadas, vecinos desesperados y un Ayuntamiento que responde como si estuviéramos en otra época.

La solución, una vez más, son los ya famosos sacos de arena.

Sí, sacos.
En pleno 2026.
Con cambio climático, con informes técnicos, con ejemplos de ciudades que ya han entendido que el problema no es la lluvia… sino la planificación.

Pero aquí seguimos.

Porque en Arrecife no se previene, se reacciona.
No se planifica, se improvisa.
Y no se soluciona, se parchea.

Mientras en otros lugares se habla de drenaje sostenible, de infraestructuras adaptadas o de “ciudades esponja”, aquí seguimos en modo supervivencia básica: cubo, fregona y foto institucional.

Eso sí, cuando pasa la tormenta, vuelve la calma.
Y con ella, el olvido administrativo.

Hasta la próxima lluvia.

Porque lo preocupante no es que llueva.
Lo preocupante es que se sabe perfectamente dónde se inunda, por qué ocurre y qué habría que hacer… y no se hace.

Y cuando eso pasa, ya no estamos ante un problema técnico.
Estamos ante una decisión política.

El actual gobierno municipal, con el alcalde al frente —ese al que ya muchos conocen como el “capitán Pescanova”—, sigue instalado en una política de corto alcance.

Porque gobernar una ciudad no es reaccionar cuando el problema ya está encima.
Gobernar es anticiparse.

Y en Arrecife, lamentablemente, lo único que se anticipa es la próxima inundación.

Mientras tanto, los vecinos seguirán haciendo lo de siempre: proteger sus casas como puedan, confiar en que no llueva demasiado… y mirar de reojo esos sacos de arena que, más que una solución, se han convertido en símbolo de una forma de gobernar.

Una forma de gobernar que no resuelve.
Que no transforma.
Y que, como el agua, siempre acaba volviendo al mismo sitio.