Irán puede ser un nuevo Vietnam
El presidente habló desde la Casa Blanca narcisista y bufón como siempre. La guerra está ganada, afirma, pero no es creíble. Si esta guerra se prolonga como la de Ucrania cabe la posibilidad de que Irán se convierta en un nuevo Vietnam para Estados Unidos, pues vemos de nuevo en las calles manifestaciones contrarias a Trump, que no sabe cómo acabar con este conflicto-trampa. La interminable guerra con Vietnam dejó huellas en la sociedad norteamericana, fue una derrota clamorosa y vergonzante. Y todavía hoy podemos contemplar a algunos que combatieron entonces, ahora mutilados y alcoholizados en las calles de Washington o Nueva York, pidiendo limosna entre los transeúntes.
Con un conflicto estancado y el incremento de las críticas, cada día que se prolongan los combates supone un empeoramiento de la economía mundial, el maldito petróleo que enriquece a unos cuantos. Dicen los psicólogos que aferrarse al rencor es un pésimo asunto, así que el presidente verá reducidas sus presuntos intentos de pacificación. Y el 14 de junio próximo, es decir dentro de dos meses, va a cumplir 80 años. El sentido común aconseja que quienes lleguen a esa edad cultiven la armonía, se relacionen bien con sus amigos y conocidos.
Es difícil que Trump envejezca bien. Su obsesión por hacer seguidismo de Netanyahu y su constante afirmación de que va a terminar pronto con la guerra nos puede recordar la obcecación de Nixon cuando alargó el conflicto vietnamita, que costó la vida a muchos. Nixon y Trump han compartido la idea de finalizar la guerra con honor, pero ni a uno ni a otro les sale bien su proyecto. Y ahora Trump tal vez perciba que se metió en un lío del que resulta difícil escapar.
"¿Debemos distanciarnos de EEUU en el sentido de que debemos salir de la OTAN? ¿Debemos cerrar las bases americanas? ¿Debemos romper las relaciones comerciales? ¿Debemos asaltar los McDonald's? No lo sé. ¿Qué debemos hacer?". Se lo pregunta la italiana Meloni, bastante insatisfecha. A pesar de ser de extrema derecha se alinea con Pedro Sánchez.
Vietnam fue la guerra de mi generación, despertó a los universitarios no solo en EEUU sino en todo el mundo. Nos quedan en la memoria fotografías que ganaron el Pulitzer: aquella niña corriendo desnuda bajo las bombas de napalm, las ejecuciones sumarias con tiro en la sien en plena carretera. Al final, los norteamericanos se llevaron miles de féretros envueltos con su bandera, y hoy en día Vietnam es un solo país, con capital no en Saigón sino en Hanoi. Las cicatrices de la guerra van sanando, aquellos prodigiosos bosques tropicales reverdecieron tras el paso de los bombarderos.
Nadie pudo derrotar a aquella nación que había excavado una enorme red de túneles con los cuales los nativos burlaban a los invasores, sobrevivían a las armas más letales y más modernas. Ellos, con su economía de campesinos, supieron defenderse de un enemigo cien veces superior.
Eisenhower comenzó aquel lío, que potenció su sucesor, John F. Kennedy. Nixon fue el encargado de dar la orden de retirada, cuando ya la sociedad norteamericana estaba más que harta. La estrategia de Nixon consistía en proteger su propia reputación y ahora Trump necesita buscar su propia salida. “Las negociaciones para la paz van muy bien”, dice a cada rato. Pero los hechos no lo confirman, las autoridades iraníes afirman justo lo contrario. Entretanto, alarga los plazos para emprender destrucciones masivas.
Las contorsiones de Trump para justificar su guerra con Irán recuerdan a Richard Nixon y su búsqueda de una “paz con honor”. Esto costó mucho desgaste y una gran movilización interna contra la guerra. ¿Cuánto destrozo está Trump dispuesto a causar antes de cortar por lo sano? ¿Acaso Israel merece continuar sus genocidios diezmando a los ciudadanos palestinos y libaneses, y Netanyahu ha de ser un nuevo Hitler?