miércoles. 01.02.2023

Los campitos de fútbol..., que ya no existen (II)

Esta mañana no fui a comprar pan. No es que le haya hecho caso al amigo Fernando Bernal sobre el consejo, que el reconoce que no se aplica, de reducir el consumo de harinas en mi dieta. Simplemente ha sido que uno de los dos panes que compré ayer era para el desayuno de hoy. 

No fui por la mañana a comprar pan pero compré pan para un par de días esta tarde en Mercadona. 

La cosa fue que hice confianza en perdir para comer hoy al bar de Cooperativa del Taxi, en Maneje. Pero resulta que me dijo David, el que lo lleva, que no está haciendo servicio a domicilio porque no encuentra trabajador para ese servicio. Se queja de que la gente no quiere trabajar. Sobre esto, ahí está el debate entre si la gente prefiere cobrar los subsidios en vez de trabajar por un poco más o es que los empresarios ofrecen sueldos miserables.

Bueno, la cosa es que me quedé sin comer y a media tarde me decidí a ir al McDonald. Cierto que antes iba con algo más de frecuencia. De vez en cuando me aparece uno de esos menús pringosos por 10,60€. Y así hice. 

Después de limpiarme bien del pringue de las salsas de la hamburguesa; monté allí mismo mi oficina y estuve como una horita despachando mi agenda. Allí coincidí con uno de los niños chinos de la Escuela de Ajedrez de la Sociedad Democracia. Estaba merendando con su familia y me saludaron todos muy efusivamente. También fue a merendar Jorge, que fue presidente de la murga Los Titi Roys cuando yo estaba de concejal en el Ayuntamiento. Buen chico. También nos saludamos muy amigablemente. Me contó que ahora está en Los Tabletudos.

Recogí los bártulos con la intención de bajar al Hiperdino de Titerroy a hacer una pequeña compra para mañana. Lógicamente, también pan. Pero, me llamó la atención quedarme en el Mercadona. Montón de gente. Me gustó el pan que tienen. Me sorprendió ver que tienen pan de millo. Cogí dos. Y compré algunas cosas más. No voy también a relatar todas mis intimidades.

Pues vamos al tema. De vuelta a casa me acordé de los partidos de fútbol que jugué con los amigos en el campito que había donde hoy están Mercadona y Decathlon. Me entró una cierta nostalgia. A veces lo he hablado con amigos: han desaparecido todos los campitos de fútbol en Arrecife. Ya los niños no pueden jugar en las calles. No solo al fútbol. Tampoco al trompo, ni al boliche, ni al quemado, ni al escondite. Pero, lo peor es que tampoco las instituciones competentes han habilitado alternativas. ¡Que pena!

En Titerroy teníamos varios campitos para jugar al fútbol. El que primero conocí: frente a mi casa, en lo que hoy es la cancha de balonmano del antiguo Colegio Sanjurjo Maneje.  También estaba el llamado "campito de Matías", donde hoy está la Casa de la Juventud de Arrecife. El más grande, el que ya he dicho, donde ahora están Mercadona y Decathlon. Y también había otro en la parte de arriba del barri, en el llano que nos separa de Altavista. Claro que también jugábamos en cualquier calle, en cualquier sitio. Pero todo eso se  acabó. 

¡Una pena!

Los campitos de fútbol..., que ya no existen (II)
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