jueves. 25.07.2024

Canarias tuvo un límite

Canarias tuvo un límite. Un viejo sueño que, entre todos, unos más que otros, hemos convertido en pesadilla. Una pesadilla de la que, a la mayoría, nos esta costado despertar, y dentro de esa misma pesadilla, cada cierto tiempo, saltamos de la cama intentando despertar y que todo vuelva a la normalidad. A lo que quisimos que fuera y no es.

Nos ponemos de pie, y reconociendo nuestra realidad, nos ponemos en marcha, cual ejército de sonámbulos, avanzamos, pancarta en mano, gritando ¡ni uno más! Y con la boca chica, y tratando que nadie nos oiga, nos decimos para nuestros adentros, pero ni uno menos. en el fondo, ese ni uno menos, es donde radica nuestra creencia que un paso atrás es caer en el abismo de todas las desgracias. Siempre habrá alguien que nos susurre al oído, sin ellos no podremos vivir. Seria nuestra ruina y la de nuestras familias.

Canarias tiene un límite, dicen. La ecuación es sencilla, a mayor población, turistas y residentes, mayores necesidades. Unos, quieren ganar más dinero, construyen hoteles o alquilan sus casas al turista. Otros, deseando mejorar sus vidas, llegan atraídos por el sueño de encontrar el dorado. Ni unos ni otros están dispuestos a perder la oportunidad de hacerse más ricos o tener una vida mejor. Los más ricos, los grandes propietarios, viven fuera y el dinero va con ellos, fuera. Los que pretenden mejorar sus vidas, también vienen de fuera. La diferencia es que unos se llevan el dinero y los otros, traen sueños y crean necesidades.

Es claro y evidente que el límite quedo atrás hace ya mucho tiempo. Demasiados hoteles, apartamentos, coches, población. ¿y ahora qué? La realidad dice que se sigue haciendo lo mismo: viajes a FITUR, Londres, Miami y hasta el mismísimo imperio, New York, para traer más turistas.

Haciendo lo mismo, tendremos los mismos resultados con las mismas consecuencias: SATURACION, HARTAZGO, HARTURA.

Y claro es que todo va por barrios. Depende de si son los “míos” o los “otros” para coger la pancarta o continuar invernando, aunque los motivos para tomar las calles y levantar la voz estaban, están, y si no se pone remedio, estarán.

Y ante esta situación, ¿quién estaría dispuesto a tirar la primera piedra?, ¿quién a ordenar derribar el primer hotel y, además, explicárselo a los empleados?, ¿quién a cambiar en su casa vacacional a turistas por residentes?, ¿quién a obligar la reducción de coches de alquiler?, ¿quién a meter en cintura el transporte público de viajeros, taxis y guaguas?, ¿quién a parar a las constructoras en su afán de llenar de cemento la isla?, ¿quién a poner límites a la llegada de más residentes, vengan de donde vengan?

La realidad nos dice que, quienes hasta aquí nos han traído, los que están y los que estuvieron, nos vienen ahora a decir que saben cómo sacarnos de estas. En Canarias, poner límites porque estamos saturados, es obligación de todos, cada cual, en su justa medida, porque si en estas nos encontramos ha sido culpa de todos. Todos hemos querido más, más y más, y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Canarias tuvo un límite
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