martes 30/11/21

¿Por qué vendemos lejos, pudiendo vender cerca?

¿Por que servimos copas, hacemos camas, limpiamos piscinas y retretes, si podemos cultivar, sanar y enseñar?

Cuando yo sostengo que el turismo masivo y el cultivo extensivo del plátano son un desatino ambiental, social, económica y comercial para Canarias, siempre hay el enterado que me responde con petulancia lo mismo que nos largan cuando gritamos por la independencia ¿De qué vamos a vivir? Como si con el plátano y el turismo se agotaran nuestras posibilidades.

Repetiré el esquema de inconveniencias que comparten el plátano y el turismo, tal como se esta operando en Canarias, de manera masiva, con un posicionamiento equivocado

Ambiental:

El plátano consume agua exageradamente, agota el suelo y exige un uso desmesurado de plásticos para invernaderos

El turismo masivo necesita millones de vuelos (antes de la pandemia se alcanzaban los 17  millones de turistas, 34 millones de trayectos, al año), altamente contribuyentes a la carbonización y al calentamiento global. Y numerosas escalas de cruceros, que también largan CO2 al aire, tanto en sus travesías, como cuando están en puerto, que mantienen sus motores funcionando. Esos millones de turistas son atendidos con productos importados desde remotos orígenes, en frío o congelación, con más consumo incalculable de combustibles y emisiones de CO2. Además, el gasto de energía y de agua (desalada, con más derroche de energía) es brutal. Aunque esa energía se generara con renovables, está demostrado que el problema ambiental es el exceso de consumo, más que la generación. Las renovables también contaminan. Por añadidura, el concepto de "agricultura de puertos" aplicado por el turismo, ha arrollado al sector primario, contribuyendo a la desertización.

Social:

Basta con examinar los indicadores para comprobar que tras muchos años de boyante explotación del plátano y del turismo, la población canaria, en su conjunto, sufre los peores registros en miseria, paros, desatención a la dependencia, salarios bajos y precios altos. La pretendida excelencia de ambas actividades económicas solamente alcanza a las minorías afortunadas y a la gente que les sirve. El resto, alrededor de dos tercios, sufre precariedad e indigencia.

Económica:

Tanto el cultivo extensivo del plátano como el turismo masivo son deficitarios económicamente. Se mantienen por la vía del abuso laboral y de las subvenciones públicas. Los grandes plataneros acaban de conseguir una salvedad en la Ley de Cadena Alimentaria, que les permite vender a precios por debajo de sus costes de producción, una aberración que justifican con el argumento de que las subvenciones europeas garantizan el beneficio. Una confesión de parte, de que, sin muletas públicas, no podrían existir. El turismo, obtiene el beneficio empresarial a costa del sufrimiento de sus plantillas, y gracias a las subvenciones públicas de todo orden y que la promoción se la hacen las entidades públicas, estatales, nacionales canarias, insulares y municipales. Añádase a ello la obtusa aplicación de la Reserva para Inversiones de Canarias, que de ser un resorte para la "creación de empleo y riqueza" (una burla infernal) se ha convertido en una simple exoneración del 90% de impuestos sobre la renta de sociedades y profesionales.

Comercial:

Los costes de producción, tanto del plátano, como el turismo, en Canarias. son altos. Exageradamente altos, si se comparan con sus actuales competidores. A pesar de ello los gestores empresariales como los gobiernos han ignorado un principio del marketing estratégico, obvio e incuestionable, vigente desde los tiempos de los fenicios. Que, si produces caro, no puedes vender barato. Y, paralelamente, no tienen en cuenta otro principio, éste algo más avanzado, que es que tú eliges el mercado en que quieres operar. Nadie ni nada obliga al plátano a competir con la banana latinoamericana o africana. Nada ni nadie obliga al turismo canario a competir, como hace ahora, con Benidorm o con Magaluf. Eso sí, el empresariado y el gobierno han optado por asumir otra premisa. Que vender barato es más fácil que vender caro. Aunque ello te obligue al lloriqueo permanente, a la demanda de ayudas públicas y al abuso de tu mano de obra. Por estos errores, a pesar de ayudas y abusos laborales, el plátano y el turismo recurren a las monstruosas "picas", botar la fruta al barranco, o a las ofertas, que vienen a ser lo mismo que las picas.

Todo indica la necesidad inmediata de reformular el planteamiento estratégico de marketing del plátano y del turismo de Canarias. Tengo que advertir, ante la creciente ignorancia en la materia, de que "marketing" no se limita a la comunicación, sino que enmarca, además de la comunicación, la producción,  la comercialización y el precio. El turismo y el plátano en Canarias deben reducir a un tercio (no "un tercio" sino "a un tercio") o menos su producción. Mejorar la calidad y la presentación y el servicio y apuntar a targets de más alto nivel cultural y económico. Gente que aprecia la calidad y está dispuesta a pagar por ella. Turismo caro, atendido con producto local, con estancias más largas. Menos vuelos, menos transporte de mercancías, menos derroche energético, más protección ambiental.

Claro que algunas de nosotras y algunos de nosotros seguiremos sirviendo copas y haciendo camas y limpiando retretes, pero con un salario gratificador y  en unas condiciones de trabajo que no nos obliguen a medicarnos, como nos ocurre ahora.

Aparte de esto, es necesario que plátano y turismo se alíen entre sí y con otros sectores del tejido productivo, para crear una marca paraguas "Canarias". Eso aporta otra dificultad. Además de vender caro, se tienenque entender con otra gente. No sé si pido algo imposible en Canarias.

Pero eso es lo que hay que hacer el sector primario tradicional, el cultivo del plátano y el turismo tiene que colaborar. Que el turismo consuma plátano y queso y verduras y carne y vino de producción local. Y que, cuando se vaya, actúe como promotor de esa calidad canaria que ha encontrado en las islas. Porque no se puede pretender que la persona consumidora europea compre en su casa fruta canaria, si aquí le hemos dado manzanas chilenas, porque son más baratas.

Y de esta manera, conseguiremos que cultivar y criar cabras sea razonablemente rentable. Y crearemos empleo y recuperamos paisaje y sostenibilidad.

Yo estoy convencido de que esa simple aplicación del marketing estratégico, supondría una revolución económica para nuestra gente. Pero hay más.

Nuestra historia, después de la conquista, nos ha imbuido la idea de que estamos en Europa, a pesar de la distancia. Y, consecuencialmente, nos hemos  olvidado de dónde se encuentran nuestras islas. Y no asumimos que Canarias es un enclave cultural y tecnológico europeo, en África. Canarias dispone de unos sistemas de sanidad y educación de primer nivel. Una circunstancia que no aprovechamos. La Universidad Canaria, en sus tres centros, la ULL, la ULPGC y, sobre todo, la UNED; y nuestros excelentes centros de Formación Profesional, pueden prestar servicios educativos de calidad, presencial o a distancia a los pueblos africanos. Nuestras instituciones médicas, públicas y privadas, igual.  Actualmente, vendemos y compramos en mercados alejados, olvidando mercados más cercanos en los que podríamos operar con éxito. Claro que volvemos a lo mismo. Vender caro, con rentabilidad, no es fácil. Pero tampoco imposible.

Quedan muchos capítulos más. Pero mencionaré dos campos. Uno el de la comercialización del conocimiento y el del teletrabajo. Nunca disfrutó Canarias de un recurso humano tan bien preparado, pero tan mal utilizado. Ese recurso humano puede aplicarse a la venta de conocimiento. En cuanto al teletrabajo, en lugar de atender a algún asesor extranjero, que demuestra no conocer  nuestra realidad ni las circunstancias de la modalidad laboral a distancia y propone atraer a nómadas, lo que tiene que hacer Canarias es aprovechar nuestro talento local. Teletrabajo, sí, pero con personal canario. O al menos, residente en Canarias. El nómada, como su nombre indica, igual que viene, se va. Y sobre todo, el dinero lo deja en su casa.

¿Por qué vendemos lejos, pudiendo vender cerca?
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