Frente a la pandemia de odio, una avalancha de empatía radical
Que existe hoy una pandemia de odio en nuestra sociedad es una evidencia, emoción que saca lo peor de nosotros. Se odia al otro y se alardea de ello. Sin ambages. En la política. Hay partidos políticos que lo defienden y expanden. Y, ¿por qué lo hacen? Porque da votos. Tremendo. En las redes sociales, en los medios, en la calle y en las relaciones humanas. Por doquier.
Las redes, mal llamadas sociales, son una máquina infernal de sembrar odio. Milei posteó”: “Lo más maravilloso que nos ha regalado @elonmusk ha sido la libertad plena en el uso de la red social, cuando antes regía la censura woke”, que se refiere a las mínimas políticas de contención que antes existían para ponerle control a la autopista de odio por donde transitan los usuarios de X y que limitaba en algo las fake news y la violencia radicalizada. El tipo más rico del planeta, cegado por el odio, se compró una plataforma para destruir al que piensa diferente. De ahí la sintonía que los Milei, Trump y Bolsonaro tienen con Elon Musk. Si la red ya era un lugar donde siempre preponderaron las emociones negativas, ahora se incrementando mucho más.
Y hay que hacer frente de alguna manera a esta pandemia de odio, porque de lo contrario vamos a un desastre de toda la humanidad. Hay que contraponer una avalancha de empatía radical. Concepto que lo define muy bien Clara Valverde Gefaell en su libro De la necropolítica neoliberal a la empatía radical. Lo revolucionario en los tiempos que vivimos es defender la empatía radical y la compasión. Hay que potenciar el humanismo. Proteger lo que nos hace humanos, esa capacidad de mirar a los ojos de un semejante y ponernos en su piel, y que aflore nuestra naturaleza social, que nos lleva a vivir en comunidad. Decir esto con lo que estamos observando en los bombardeos de Oriente Medio parece una ingenuidad. La empatía radical es ponerte en el lugar del Otro, del que sufre y darte cuenta de que el Otro no es tan diferente de nosotros. La empatía radical es el fundamento de las relaciones interpersonales. Es clave para el bienestar personal y para el bien común. Nos permite intuir qué siente y piensa el Otro, sentirlo y pensarlo nosotros mismos y responder de manera solidaria. Actuar con empatía radical es mirar a la persona: sus ojos, sus gestos. No quedarse meramente en lo que dicen sus palabras. Oírlas verdaderamente, escuchando el sentir que late detrás de ellas. La clave de la empatía radical es adentrarse en los sentimientos y las motivaciones de la otra persona. Compartir un interés sincero por lo que transmite. La falsedad es fácil de detectar. Quien pretenda mostrar empatía radical sin sentirla de verdad, puede acabar provocando el efecto contrario: que la persona se sienta engañada. Reafirmar lo que la otra persona ha dicho, intentando ser lo más fieles posible, ayuda a que se sienta escuchada (“creo que estás diciendo que…”, “si no me equivoco, creo que sientes que…”).
Un proverbio de los indios norteamericanos decía: “no juzgues a una persona sin haber caminado varios kilómetros con sus mocasines”. Lo de los mocasines no ha de tomarse literalmente, pero está claro que no podemos entender a los demás sin participar de algún modo de su experiencia. Y mejor entenderemos su experiencia cuanta más claridad tengamos sobre la nuestra. Para entender qué sienten los demás, antes necesitamos entender qué sentimos nosotros.
En definitiva, la empatía radical es tomar conciencia de que uno es también el que duerme entre cartones debajo de un puente, en el cajero de un banco, el que va a comer a Caritas. Las personas que no estamos en apuros hoy, los “incluidos”, la mayoría estamos en esta sociedad de múltiples riesgos a poca distancia de ser excluidos y no nos damos cuenta. Podemos cambiar de bando por una enfermedad, el paro, la ruina de un negocio, un fracaso familiar…¿Quién tiene la seguridad absoluta de no acabar un día durmiendo en un cajero de un banco o en un albergue municipal?
Por eso, cuando leo en la prensa internacional portadas como una reciente en The Guardian, “España, abierta por humanidad”, me siento afortunado de ser español. Supongo que de este sentimiento participarán la gran mayoría de mis compatriotas. Un país en el que, pese a la barbarie que vemos en la política, en las noticias y redes, la regularización de inmigrantes anunciada por el Gobierno demuestra que la empatía radical no debe ser algo excepcional, sino intrínseco de nuestra forma de vivir". Mas ese mirar con empatía radical al Otro no solo es por humanismo es también profundamente cristiano: “Toda persona humana se merece respeto, está en el Evangelio y nos lo enseñó Jesús”, ha indicado el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, que también ha censurado la postura de Vox en inmigración y ha recomendado a los oyentes católicos “no caer en la trampa” que pone la extrema derecha respecto a los migrantes.