Afirmar que Pedro Sánchez es el “Orban del Sur” es una burla a la ciudadanía española
Los mensajes del PP son cada vez más hiperbólicos. Cada vez se superan. Ya no hay límite. Tras la derrota de Orban en las elecciones generales de Hungría, han salido en tromba desde la calle Génova, sacándose de la chistera el siguiente mensaje, encabezado por su líder del PP, el cual ha asegurado que lo que también piden la mayoría de los españoles es "liberar a Europa del Orban del Sur". Me pregunto, ¿ya no tienen otros discursos más solventes políticamente para la ciudadanía española? Les quitan a Sánchez y no hay nada. Todo se reduce a Sánchez, Sánchez, Sánchez. Es una auténtica patología la que se ha infiltrado en la calle Génova: la sanchitis. De verdad, comparar a Orban con Sánchez es una muestra de la indigencia política de los populares. No obstante, para que podamos ver que esta comparación es ridícula, quiero presentar algunas pinceladas sobra la actuación política de Orban en los últimos años.
Según el libro de Steven Forti Extrema derecha 2.0. Qué es y cómo combatirla, (2021), el modelo político de Orban en Hungría es la democracia iliberal. Las democracias pueden morir por golpes militares y también por líderes electos que las erosionan paulatinamente desde dentro de las instituciones. Es la gran novedad de la extrema derecha de hoy en comparación a la del siglo XX: el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán, que llegaron por la vía democrática, pero luego la destruyeron violentamente.
El proceso de una democracia liberal a una iliberal por parte de Orbán puede servir de modelo para las ultraderechas. Obviamente el contexto cuenta. Los problemas de la transición poscomunista y la incapacidad para construir una democracia liberal eficiente hay que valorarlos para explicar el éxito del orbanismo. Como también las secuelas socio-económicas de la crisis de 2008 y los malos gobiernos de liberales y socialistas tras 1989.
No hay que contraponer el Orbán liberal-demócrata de su primer gobierno de 1998- 2002 y el autócrata iliberal, posterior a 2010. Ya había apuntado maneras en el primero. En política exterior mantuvo relaciones con la Croacia autoritaria de Tudjman y puso los cimientos de un proyecto conservador antiliberal trufado de cierto antioccidentalismo. Como político inteligente y astuto supo leer la situación en Hungría tras 2006 y que la sociedad no había interiorizado el capitalismo occidental ni la idea burguesa de democracia. «Pedía no menos, sino más Estado. Más seguridad y menos responsabilidad individual».
De ahí su viraje al llegar de nuevo al poder en 2010. Con una gran victoria –52,7% de los votos, 263 escaños de 386– pisó el acelerador. Reforzó el poder ejecutivo con la creación de un superministerio de la Función Pública y la Justicia en el que incluyó la Cancillería, endureció el código penal –en 2015 propuso restaurar la pena de muerte– e inició una ocupación sistemática de las instituciones independientes. Tenía un programa bien trabajado para asestar un golpe a una democracia liberal. Asimismo, pulsó la tecla del nacionalismo, con las menciones al tratado de Trianon de 1920: herida histórica para el pueblo húngaro por la pérdida de 2/3 de su territorio. Aprobó una ley para dar la ciudadanía húngara a los de otros Estados con orígenes húngaros o exciudadanos de la monarquía dual austrohúngara.
El paso fundamental fue la reforma constitucional adelantada en el manifiesto Haya paz, libertad y concordia, publicado en 2010, en el que se decía que Hungría recuperaba «el derecho para autodeterminarse» y que había nacido un «nuevo pacto social con el que los húngaros han decidido fundar un nuevo sistema, el Sistema de la Cooperación Nacional centrado en el trabajo, casa, familia, salud y orden». En 2011 se aprobó la nueva Constitución. Desaparecía del nombre oficial «República», pasando a llamarse solo «Hungría», marcando distancias con la tradición republicana magiar, y se afirmaban las raíces cristianas: la familia era la unión conyugal de hombre y mujer y se protegía el feto desde su concepción. En junio de 2021 se aprobó una ley, que prohíbe hablar a menores de 18 años sobre diversidad sexual y de género en colegios y medios; vinculando a la homosexualidad con la pornografía y pederastia. Se negó en 2020 a ratificar un convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia a las mujeres. Se redujo el poder del Tribunal Constitucional, impidiéndole controlar al Ejecutivo. Modificó la ley electoral, recortando el número de parlamentarios en un sistema unicameral de 386 a 199.
Tras el triunfo electoral de 2014, profundizó su giro autoritario, planteando ya el concepto de democracia iliberal. Aprovechó el ataque terrorista a la revista francesa Charlie Hebdo y la crisis de los refugiados de 2015 para remarcar más su carácter identitario, confrontando con las instituciones europeas y convirtiéndose en referente de la ultraderecha con sus políticas de cierre de fronteras y expulsión de migrantes.
Antes de las elecciones de 2018 hizo comprar a amigos oligarcas los principales medios; en 2017 controlaba en la práctica toda la prensa local. Además del activismo en las redes, en Facebook Orbán tiene más de 1 millón de seguidores, y Fidesz en 2008 disponía de millones de datos, obtenidos ilegalmente, de los ciudadanos húngaros y conocía sus preferencias, sus miedos y sus deseos.
Lleva a cabo una revisión de la historia. El Monumento a las Víctimas de la Ocupación Alemana en Budapest niega la participación de los húngaros en la Shoah (holocausto judío), cuando si que tuvieron que ver.
En cuanto a su política económica es intervencionista, pero esencialmente neoliberal. Las multinacionales tienen el tipo impositivo efectivo más bajo de Europa, en 2017 pasó del 19% al 9%. Un impuesto fijo sobre la renta del 15% favorecedor de las rentas altas. Desde 2010 medidas brutales de austeridad. Entre 2010-2014 la administración pública, la educación y la sanidad fueron recortadas entre el 30% y 40%. En 2019 se aprobó la «Ley de la Esclavitud», que aumentó de 250 a 400 las horas extra obligatorias al año que los empresarios pueden exigir a sus trabajadores y cuyo pago pueden posponer hasta 36 meses. Su política económica ene su último gobierno ha sido nefasta, que explica en parte su derrota electoral.
Hungría ha sido estos años un caballo de Troya en la UE, tras saberse que su ministro de Exteriores informaba regularmente a su homólogo ruso tras las reuniones de la UE, pasándole información estratégica. Trump y Putin pierden a su mejor aliado en Europa y un especialista en poner palos en las ruedas de las decisiones comunitarias. La visión europea de Orbán era la que, con objetivos distintos, comparten EE.UU. y Rusia, que ayer tendió la mano a Magyar. Lo que es cierto que la derrota de Orban es muy negativo para la extrema derecha y muy positivo para salvaguardar el proyecto de la Unión Europea.
Por lo expuesto, llamar a Pedro Sánchez, el Orban del Sur es una auténtica burla a la ciudadanía, además, como he mostrado al principio, una muestra de la indigencia política de los populares.