lunes. 09.02.2026

Teguise no es un sillón

Hay gobiernos que avanzan con rumbo y otros que se sostienen a base de equilibrios frágiles, pendientes más de no caer que de andar. Lo ocurrido recientemente en el Ayuntamiento de Teguise no puede quedarse como una simple discrepancia personal ni como un episodio menor de la vida política municipal. Es, en realidad, el síntoma visible de una profunda inestabilidad en el grupo de gobierno y de una forma de entender la política que nos debe preocupar.

La salida de un concejal del Partido Popular (PP) del grupo de gobierno y su posterior regreso, en cuestión de días, dejó al Ayuntamiento en minoría y al municipio al borde de una crisis institucional. Bastó un solo movimiento para que todo el entramado del pacto se tambaleara. Eso no habla de fortaleza ni de cohesión; habla de un gobierno sostenido por hilos demasiado finos.

Pero más grave que la crisis en sí fue la manera de gestionarla. No hubo explicaciones claras a la ciudadanía, no hubo una asunción pública de responsabilidades ni un ejercicio sincero de transparencia. La marcha atrás se produjo con la misma rapidez que la salida, como si todo formara parte de un juego interno que nada tiene que ver con los problemas reales de Teguise.

Y ahí es donde la política pierde su sentido.

Mientras se juega al dentro y fuera del gobierno, los vecinos y vecinas siguen esperando soluciones. Siguen esperando respuestas en materia de vivienda, servicios públicos, mantenimiento de los pueblos, apoyo al tejido social y económico o cuidado del patrimonio. Siguen esperando que el Ayuntamiento sea una herramienta al servicio de la gente y no un espacio de disputas por el poder y el sueldo.

Cuando la prioridad es conservar el sillón, el municipio pasa a un segundo plano. Cuando el objetivo es mantenerse en el gobierno a cualquier precio, la gestión se resiente y la confianza ciudadana se rompe. Gobernar no es resistir, es servir; no es sobrevivir políticamente, es responder a quienes depositaron su confianza en las urnas.

Teguise no necesita más sobresaltos ni más episodios de inestabilidad. Necesita seriedad, coherencia y un proyecto político que mire a largo plazo, que ponga a las personas en el centro y que entienda que el poder no es un fin, sino un medio para mejorar la vida de la gente.

Porque Teguise no es un sillón.

Es un municipio vivo, con historia, con problemas reales y con vecinos y vecinas que merecen respeto, estabilidad y compromiso.

Teguise no es un sillón
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