La Historia como inversión
En una era de globalización acelerada, las Islas Canarias se enfrentan a un desafío crucial: definir su propia identidad no solo como un destino turístico de excelencia, sino como una comunidad consciente, orgullosa e intelectualmente soberana. El patrimonio de las islas no es un simple accesorio estético para los folletos, sino la infraestructura vital sobre la cual debe asentarse el futuro social y económico del archipiélago.
Las tradiciones populares, desde las festivas romerías hasta el sonido evocador del timple, son manifestaciones preciosas del espíritu canario y el rostro visible de un alma antigua. Sin embargo, para que estas expresiones mantengan su fuerza comunicativa y no corran el riesgo de vaciarse de significado, deben estar respaldadas por una sólida conciencia científica.
Preservar la identidad no significa solo repetir gestos, sino comprender su origen profundo y su evolución a lo largo de los siglos. Cuando el folclore se encuentra con la investigación historiográfica, deja de ser mero entretenimiento para convertirse en el testimonio de un pueblo que camina con conocimiento de causa. Por ello, es fundamental que la celebración de la tradición vaya de la mano de un compromiso riguroso con la investigación, transformando la memoria en un saber vivo y dinámico.
Para captar la verdadera esencia de Canarias, no basta con enumerar fechas o eventos bélicos; es necesario un profundo estudio histórico-antropológico que analice la evolución del ser humano canario en su entorno. Estudiar las dinámicas sociales, los flujos migratorios, los cambios en las costumbres y las formas de adaptación al territorio permite devolver la complejidad necesaria a nuestra narrativa.
La antropología histórica nos enseña que la identidad no es un dato estático, sino un proceso de síntesis continua. Comprender cómo las influencias aborígenes (majos, bimbaches, guanches) se entrelazaron con las corrientes atlánticas y mediterráneas tras el redescubrimiento del siglo XIV es la clave para interpretar la sociedad contemporánea y sus desafíos.
Para que este proceso de maduración social ocurra, es necesario un papel proactivo y visionario de las Instituciones locales. La cultura debe ser reconocida como un sector estratégico al mismo nivel que el turismo o las energías renovables. Se hace necesaria una agenda política que se centre en los siguientes pilares:
Creación de Centros de Investigación y Estudios Históricos: Es prioritario establecer estructuras dedicadas a la investigación científica del periodo posterior al redescubrimiento. Centros de estudio que actúen como ejes para investigadores e historiadores, con el objetivo de reconstruir los vínculos entre Europa y el archipiélago, partiendo de la figura fundamental de Lanzarotto Malocello.
El Tercer Sector cultural es la linfa vital del territorio. Las instituciones deben apoyar activamente a las asociaciones que operan en el ámbito histórico, proporcionando no solo fondos, sino también espacios y herramientas para la realización de congresos, exposiciones y publicaciones de alto perfil científico.
El verdadero desafío para el futuro se juega en las aulas. Es esencial que la historia y la antropología del archipiélago entren en los programas educativos con una nueva dignidad. Educar a los jóvenes en la historia de su tierra —explicando, por ejemplo, el origen de la toponimia o la importancia de las antiguas técnicas de gestión del agua— significa formar ciudadanos más críticos y menos vulnerables a las manipulaciones externas.
Los proyectos de divulgación escolar innovadores pueden transformar la historia en una materia apasionante, capaz de explicar el presente a través de las lentes del pasado.
El futuro de las Islas Canarias no se escribe solo en las oficinas de turismo, sino que debe nutrirse en las bibliotecas, en los laboratorios de investigación y en las plazas donde la historia se discute y se ama. Solo a través de una plena conciencia de sus raíces —desde el diálogo iniciado con Malocello hasta la complejidad antropológica actual— el archipiélago podrá navegar hacia el mañana con la certeza de quien sabe de dónde viene y, sobre todo, qué modelo de desarrollo quiere construir para las generaciones futuras.