Recogemos lo que sembramos

Escándalo mundial, sí; sorpresa, para mí, ninguna. Me refiero al bochornoso suceso de xenofobia en el partido “amistoso” de fútbol entre las selecciones nacionales de España y Egipto, disputado el pasado 31 de marzo en el RCDE Stadium, la casa del Real Club Deportivo Espanyol de Barcelona, cuando el deporte fue avergonzado por animales que pitaron el himno del equipo visitante y profirieron cánticos insultantes,  “musulmán el que no bote”, en varios momentos del partido, los primeros en el minuto 10, sin que la Real Federación Española de Fútbol advirtiera de inmediato al árbitro de nacionalidad húngara, que seguramente no entendía el contenido ni la gravedad de las ofensas, de la activación del protocolo antirracista y la suspensión del partido.

Era para decir hasta aquí llegamos y desocupar el estadio, un gesto sincero para intentar resarcir al pueblo egipcio y deportistas agraviados, incluida la máxima estrella del fútbol español, Lamine Yamal, que como musulmán también tuvo que tragarse los insultos vestidos de rojo. Un gesto que también hubiera servido para honrar los valores del deporte, empezando por el respeto.

No podemos maquillar el hecho diciendo simplemente que fue una minoría o que se trató de un hecho aislado. No, por favor, no seamos hipócritas. Sabemos que el discurso del odio crece vertiginosamente y gana terreno en España, sabemos que la derecha y derecha ultra española usan argumentarios contra la inmigración para sumar votos, sabemos que hay agitadores a sueldo en redes sociales desinformando, sabemos que hay medios de comunicación y desinformación que chupan dinero público y apoyan campañas sistemáticas contra la población extranjera, especialmente para atacar a personas africanas y latinoamericanas, así que, como decía una de mis abuelas, “a otro perro con ese hueso”. La suma de supuestos hechos aislados y minorías se está convirtiendo en peligrosas mayorías.

O es que ya olvidamos los gravísimos incidentes de julio del año pasado en la localidad murciana de Torre Pacheco, donde hubo un llamamiento a la “cacería” de inmigrantes con persecuciones, agresiones, vehículos destrozados y ataques a comercios durante una semana. Esta es la gran demostración de racionalidad y convivencia que pretendemos enseñar.

Sabrán los patriotas y estudiosos de las Santas Escrituras, más que nadie, que en el pasaje bíblico, Gálatas 6:7, podemos leer:  “todo lo que el hombre siembre, eso también cosechará”. Y sabemos todas y todos que España es un país aconfesional, artículo 16 de la Constitución, que garantiza “la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley”.

A los ignorantes y racistas, como tachó Lamine sin paliativos a los animales que fueron al España - Egipto a satisfacer su odio, hay que informarles que las diversas religiones han acompañado a la humanidad a lo largo de miles de años como guía moral y espiritual de culturas distintas, respetables todas, por tanto, comprender, tolerar y hasta llegar a conocer las diferentes creencias, que además tienen puntos en común, es un signo de desarrollo cultural y un camino certero hacia la convivencia, ya que nos sentimos los más civilizados del mundo mundial.

Cómo podemos exigir respeto a nuestras creencias, el que las tenga, si no somos capaces de respetar ni la libertad de culto ni el rechazo a la existencia de cualquier dios. Cada persona es libre de ejercer su fe en público o en privado, pero así como cada individuo tiene todo el derecho a practicar sus ritos sin temor a censura y difundir sus opiniones con libertad, también tiene el deber de respetar la vida, honra y bienes de quienes no comparten su credo.

Preguntado el entrenador del Atlético de Madrid, sobre lo sucedido en el partido de referencia, el Cholo Simeone con muy buen criterio remitió los hechos a un problema estructural de educación de la sociedad, recordando que si ya no hay respeto por el maestro, por el médico y ni siquiera por los miembros del núcleo familiar, qué podemos esperar del comportamiento en comunidad. Claro, Cholo, también hay que predicar con el ejemplo.

Y qué podemos esperar de una sociedad que todos los días ve a representantes públicos y partidos políticos que en vez de promover la convivencia, incitan al desprecio utilizando palabras malsonantes en debates parlamentarios, aunque luego esos  mismos con piel de cordero tienen la desfachatez de pedir tolerancia. Más educación y cultura como antídoto.