Un pájaro se caga en Almeida y el PP se caga en sí mismo

La anécdota del alcalde de Madrid, cagado por un pájaro mientras pronunciaba un discurso en un acto celebrado al aire libre en una calle de su ciudad, no deja de ser un momento gracioso que José Luis Martínez-Almeida (PP) supo sortear bien, dando sentido del humor a la inoportuna deposición de un ave comunista sobre su cabeza. No le quedaba otra en ese instante de “tierra, trágame”, pero como era inevitable, el vacile saltó a las redes sociales a partir de un perspicaz usuario de Bluesky que escribió el lapidario mensaje: “paloma, tienes mi voto”.

Lo que no es ni anecdótico ni mucho menos gracioso es el discurso persistente y xenófobo del PP en su competencia visceral con Vox a ver quién se caga más en la inmigración. No es anecdótico porque desde hace meses vienen subiendo el tono del odio lanzando bulos como estrategia populista de captación de simpatizantes (votos) en un ambiente social de escasa reflexión y pereza crítica.

El PP volvió a soltar esta semana el mensaje manido de que los inmigrantes quitan trabajo a los españoles y vienen a aprovecharse de ayudas, todo un clásico del fake news. También es falso que la regularización extraordinaria de inmigrantes sea sinónimo de “nacionalización” de extranjeros.

Preguntemos a los empresarios de la hostelería o la construcción, y también a dueños de grandes explotaciones agrícolas, si los extranjeros están quitando trabajo a mujeres y hombres españoles. Preguntemos a familias con mayores o personas dependientes si los inmigrantes están quitando el trabajo de atención sociosanitaria que demanda la población y que extranjeros prestan a sus seres queridos en hogares españoles.

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, que no es presidente de España porque no quiere, dicho por él mismo, no solo tiene la poca vergüenza de cargar contra la regularización de inmigrantes utilizando el perverso discurso de relacionar el fenómeno global de la movilidad humana con la delincuencia, sino que esta semana va a Bruselas, al corazón político de la Unión Europea, y tilda de “temeridad” la regularización de inmigrantes aprobada en España, vociferando que hay “una alerta antiterrorista creciendo en suelo europeo”.

Sabe perfectamente el señor Fakejo que la delincuencia no tiene nacionalidad, o es que no se acuerda de sus paseos en yate al lado de su coleguita gallego, el narcotraficante Marcial Dorado. No sabrá el presidente del PP de casos flagrantes de terrorismo de Estado y que Trump y Netanyahu, a quienes tanto adula y defiende, el primero, declarado culpable de 34 delitos de falsificación de facturas, cheques y registros contables, llegó a la Casa Blanca con el honor de ser el primer presidente convicto en la historia de USA, y el segundo, con orden de arresto de la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra y de lesa humanidad, es el gran artífice del genocidio en Gaza que suma más de 70.000 muertos.

Ambos son responsables del ataque a Irán que tiene el mundo en vilo y culpables del conflicto desatado en Oriente Medio, lleno de muerte, incertidumbre y destrucción, convertida además esta guerra en la principal amenaza para la seguridad energética mundial de la historia. Ya estamos soportando la subida de precios y no sabemos hasta dónde van a llegar.

Fakejo es el mismo que un día antes de su comparecencia en Bruselas aseguró en el Congreso de los Diputados que su partido estaba en contra de la guerra, cuando todos sabemos que desde el inicio reprochó al Gobierno de España que no apoyara a USA e Israel. El mensaje de que España debe estar con “sus aliados” volvió a repetirlo en Bruselas un día después de su ‘No a la guerra’ en el Congreso español. Entonces, Fakejo está a favor, en contra de la guerra, o todas las anteriores.

El que fuera secretario de Nuevas Generaciones del PP, Carlo Angrisano, se acaba de largar del partido, llamando “acomplejado” a Feijóo. Por su parte, la dirección nacional del PP cargó contra Angrisano tachándolo de vago y aprovechado y dejando en una nueva evacuación de las heces su habitual tinte xenófobo: “deseamos que su mujer ecuatoriana tenga buena acogida en Vox”.

Y si un pájaro comunista se cagó por accidente en Almeida, el PP consciente insiste en cagarse en sí mismo. Circo para ver desde platea. Y qué decir de los pesos pesados que se están yendo de Vox acusando a Santiago Abascal de caudillo y sembrando serias dudas sobre el manejo contable del partido ultra.

En mayo próximo participaré en una nueva edición de la Cumbre Global sobre Desinformación, organizada por la Sociedad Interamericana de Prensa, Proyecto Desconfío y la Fundación Gabo. Ante la guerra cognitiva creada para favorecer intereses económicos y electoralistas, los ciudadanos y ciudadanas tenemos la obligación de poner escudos que nos permitan discernir entre verdad y mentira.

La desinformación es una estrategia absolutamente deliberada con tácticas globales que buscan erosionar la confianza pública y debilitar las democracias, utilizando un arma potente como la IA, capaz de producir más desinformación, pero asimismo una herramienta que permite detectarla. Hay medios de comunicación que ya la están empleando como escudo.

Las conclusiones de la Cumbre 2025 apuntaban a la alfabetización mediática como el mejor antídoto para combatir la desinformación. “La formación de una ciudadanía crítica, capaz de preguntar quién produce un mensaje, con qué propósito y cómo verificarlo, es una estrategia de resiliencia a largo plazo. La educación mediática es central para la salud de las democracias”. No dejemos que secuestren nuestro pensamiento.