domingo. 08.02.2026

Con el agua al cuello

Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, y ahora Marta, se agotan los nombres que identifican las borrascas y danas de gran impacto esta temporada 2025 - 2026. Estamos viendo imágenes desoladoras en el sur de España y Portugal, por citar los casos más cercanos, pero si echamos un vistazo al otro lado del charco, Colombia se encuentra en emergencia nacional con más de 170 municipios inundados por fuertes lluvias que dejan cerca de 30.000 familias damnificadas.

Como las guerras, la tecnología en las comunicaciones nos permite observar en directo las catástrofes naturales y los vergonzosos “shows” que montan algunos medios de comunicación en medio de la tragedia. Reporteros (as) “valientes” que se meten en caudales callejeros pidiendo prudencia a la ciudadanía mientras que con su actuar hacen exactamente todo lo contrario. Gritar tampoco es informar mejor.

Rachas de viento, ríos que multiplican su caudal, crecientes repentinas, evacuaciones de viviendas y pueblos enteros, daños en casas, carreteras, puentes e infraestructuras de servicios públicos, cultivos completamente anegados, pero sobre todo víctimas mortales, la peor cara de la desgracia, y la desolación de quienes perdieron buena parte de su patrimonio y saben que será casi imposible recuperarlo, nos recuerdan la realidad del cambio climático, que la clase política extremista sigue negando, muy a pesar de estas evidencias y las sustentaciones científicas, que también desprecian. Y no extraña, vimos en directo bombas descargadas sobre Gaza, muerte y destrucción, pero eso que llaman genocidio es puro cuento.

Políticos irresponsables que gobiernan o aspiran a gobernar y sus medios informativos altavoces usan el cambio climático como panfleto electoral. El calentamiento del Planeta y la inmigración son su clímax propagandístico.

En 2021, en tiempos de incertidumbre por la pandemia, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, de Naciones Unidas, sacó uno de los informes más completos en la materia. Los científicos, no agitadores de redes sociales, ni políticos ignorantes, ni toderos de tertulias desinformativas, lanzaron un aviso muy serio sobre los efectos devastadores, en una década, de las emisiones continuas de los gases de efecto invernadero. Vamos por la mitad de ese periodo límite.

Preocupa a los científicos no solo la acción insuficiente de la humanidad, en políticas gubernamentales o en el comportamiento individual de ciudadanos y ciudadanas, sino las campañas orquestadas de desinformación para negar o minimizar un problema muy serio.

Las redes sociales están siendo un medio recurrente de exposición desinformativa, en el cambio climático y en otros fenómenos globales como la movilidad humana. La ONU intenta reforzar la divulgación de informes científicos, pero ante una sociedad anestesiada que está viendo en directo lo que está pasando y sigue considerando en parte el cambio climático un bulo o mal menor, cualquier campaña de comunicación es bienvenida.

No se trata de coartar la libertad de expresión o escorar el flujo informativo, al contrario, se trata de poner todos los elementos de juicio sobre la mesa para que la población pueda discernir con base científica. En la medida en que la ciudadanía informada dé muestras de pensamiento crítico, pregunte y cuestione, y que los impulsos queden desplazados por la reflexión, la clase política se verá obligada a no despreciar con engaños a la sociedad. Conocimiento, análisis y actuación, trilogía de escudo y combate en la guerra mediática.

 

Con el agua al cuello
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