Un hombre joven de unos treinta años de edad ha protagonizado este viernes por la noche uno de los episodios más rocambolescos que se han producido en la larga historia del aeropuerto César Manrique de Lanzarote. Según han explicado a Crónicas testigos presenciales, unos minutos antes de que llegaran las nueve de la noche el individuo ha saltado una de las vallas que hay en el recinto aeroportuario y ha salido corriendo en dirección a las pistas de aterrizaje y despegue.
Una vez que ha sido detectado y que saltó la voz de alarma por lo peligroso de la situación, se inició el operativo necesario para evitar que se produjera un incidente grave, en un momento en el que, por fortuna, no había ningún tipo de operación ni de entrada ni de salida. Desde la torre de control, como es habitual en estos casos, se ha informado de lo que estaba sucediendo, para que los agentes de la Guardia Civil que estaban de servicio en ese instante se dirigieran a la búsqueda de la persona, que corría por el recinto como si alguien le estuviera persiguiendo.
Finalmente, según las fuentes consultadas por este diario, el joven fue reducido por personal del aeropuerto muy cerca del lugar en el que se encuentra la terminal 2, la de vuelos interinsulares, que fue por donde accedió. Allí, en la zona de plataforma, antes de proceder a su detención, los agentes de la Guardia Civil que llegaron posteriormente tranquilizaron y estuvieron hablando con él para saber por qué había tomado la nefasta decisión de entrar en un lugar tan peligroso como es un aeropuerto de aquella forma.
Los testigos que han hablado con este diario aseguran que el joven parecía muy alterado y que costó que se tranquilizara tras ser protagonista de algo que desde luego ni es frecuente ni se espera que ocurra.
