El sector primario de Lanzarote reclama una solución urgente al problema del agua y una decisión que ponga fin a los cortes del suministro
Si no fuera por el evidente problema que supone hoy en día la falta de vivienda, el agua sería sin duda alguna lo primero que los lanzaroteños y los gracioseros colocarían en cualquier sondeo que se hiciera como fuente de sus principales quebraderos de cabeza. En los últimos años la Isla ha padecido la sinrazón que se ha producido tras años de quiebra entre la dinámica institucional y empresarial a la hora de controlar y gestionar el ciclo integral del agua. Un lugar en el que prácticamente no llueve, salvo en este generoso y sorprendente invierno, que vive de la desalación del agua del mar, no se puede permitir el lujo de no contar con un servicio controlado y eficiente.
Aunque la historia del final de Insular de Aguas de Lanzarote (INALSA) y la llegada de Canal Gestión daría para escribir tres novelas, un resumen acertado podría determinar que la filial de Canal de Isabel II, dependiente de la Comunidad de Madrid, ha tenido tres fases distintas desde su llegada a la Isla: una inicial muy brillante, con una implicación total y absoluta a la hora de resolver los numerosos defectos que dejó la parte política local que hundió la compañía pública, con capacidad no sólo de reflotar la propia compañía sino de ponerla en la órbita correcta; una segunda de incertidumbres y de ralentización por factores variopintos como los cambios políticos producidos en la propia Comunidad; y una tercera en la que se ha percibido no sólo la desidia sino las ganas de abandonar el puesto, fase esta tercera en la que se han producido los mayores problemas que son los que actualmente perciben los ciudadanos de las dos islas habitadas de esta parte oriental del Archipiélago canario.
El actual Gobierno del Cabildo, con el nacionalista Oswaldo Betancort al frente, se ha empeñado en resolver un problema que heredó del Gobierno anterior, el que presidía la socialista María Dolores Corujo. Lo ha hecho en más tiempo del que seguramente a él mismo le habría gustado pero con la certeza de que las cosas finalmente saldrán bien. Así, lo primero que hizo fue encargar un informe a los Servicios Jurídicos de la Administración insular sobre el grado de cumplimiento del contrato que actualmente tiene Canal Gestión. Como se recordará, quedó claro a juicio de la jurista encargada de supervisar ese contrato que había al menos una decena de graves incumplimientos que podrían ser suficientes para ir a la rescisión del acuerdo. Canal Gestión, por seguir con la versión resumida de la historia, pidió algo de tiempo para cumplir con algo que también estipula el contrato, la cesión del mismo a otro operador. El actual Gobierno accedió entre otras cosas porque ir directamente a la rescisión, que no se ha descartado en ningún momento, podría provocar un perjuicio mayor para los usuarios. Y claro, la cesión del contrato está planteada sobre una propuesta que se está estudiando en estos momentos con dos operadores del prestigio de Sacyr y Aqualia, con capacidad suficiente para asumir el control inmediato del ciclo integral del agua y ponerse a funcionar en la búsqueda inmediata de la solución de los principales problemas que afectan a los ciudadanos, entre ellos el de los cortes del suministro en numerosas zonas.
Estos cortes y el mal servicio han afectado especialmente a sectores tan sensibles como el primario. La gente del campo lanzaroteño, fundamental entre otras muchas cosas para la conservación del paisaje local que luego mueve en gran medida la industria turística, ha padecido años de particular sequía, sin que sus demandas sobre una red de riego o de abastecimiento fueran cumplidas. En los últimos años de mal funcionamiento Canal Gestión se ha centrado principalmente en los núcleos turísticos, para evitar lo que habría sido mayor desastre todavía si los visitantes pagaran importantes cantidades de dinero para venir a disfrutar de la Isla y no tuvieran agua cuando abren el grifo ni para lavarse los dientes.
Con esta situación, Crónicas ha analizado en diferentes zonas de la Isla lo que piensan esos agricultores, la gente del campo que más ha padecido los últimos años de mal funcionamiento. Todos coinciden en la necesidad de que haya una solución rápida y eficaz, que alguien tome el testigo de Canal Gestión y con ilusión y dinero afronte el reto de prestar un buen servicio, el servicio que la gente cree que se merece.
En las consultas que ha hecho este diario, curiosamente, poca gente habla del precio del agua. Como también ha testado el Cabildo en diferentes encuestas, la mayoría de los ciudadanos entienden que el actual precio del agua es bajo, y que no pasaría nada si se lleva a cabo una subida, siempre que ésta sea razonable, si a cambio se recibe un buen servicio, mejor que el actual.
En definitiva, lo que la gente quiere, y apremia al actual Gobierno del Cabildo, es que se dé una solución inmediata a algo que no se entiende cómo se ha tardado tanto tiempo en resolver, que lo antes posible se anuncie la decisión que se va a tomar y que ésta cumpla con parámetros tan sencillos como la aplicación de la practicidad y el sentido común.
Omar Viña es ganadero y responsable de Quesería El Faro. Para él, el trabajo llevado a cabo en el ciclo integral del agua en los últimos tiempos ha sido "fatal para la agricultura y la ganadería de la isla porque los cortes no son algo de hace dos o tres años; viene ya de mucho tiempo atrás" y por ello, "las quejas en el sector primario son constantes".
Viña cree que la agricultura ha ido disminuyendo en los últimos años y que aunque en la ganadería no se ha notado el efecto de la falta de agua tanto, sí que se ha dejado sentir en ámbitos como el quesero, donde varios productores han tenido que dejar de elaborar porque no tenían el agua suficiente; lo que, además, les ha supuesto un sobrecoste porque han tenido que estar comprando cubas de agua para poder trabajar.
Recuerda que hace tres o cuatro años tuvo lugar uno de los momentos más graves y el sector pasó por serias dificultades ya que hubo una disminución en la superficie sembrada. Piensa que aunque ha habido una ligera mejoría respecto a ese verano, todavía hay mucho que mejorar.
"Cuando empiezan los cortes, si algún agricultor o ganadero quiere darse de alta otra vez y pide un nuevo contador, cuesta muchísimo. De hecho, nosotros quisimos aumentar el caudal, y eso que era con agua regenerada, y tuvimos problemas y los seguimos teniendo", explica.
Por eso, cree que es necesario un cambio urgente en la gestión o que, al menos, pase algo porque no es normal que en pleno siglo XXI haya países desérticos con agua todos los días y en Lanzarote, que estamos rodeados de agua y contamos con todo el potencial de Europa, no se pueda aprovechar esta tecnología.
"Yo creo que el problema no es tanto generar más agua sino que no se pierda porque, dicho por ellos mismos, hay muchas fugas y no podemos seguir así", concluyó.
Manuel Peraza acaba de recibir un premio nacional a sus papas de Los Valles como reconocimiento a la sostenibilidad en sus plantaciones. Sin embargo, el camino no ha sido fácil porque "hemos tenido unos años fatales en relación con el agua y yo, que soy del pueblo de Los Valles, siempre que salía el listado de los pueblos en los que iba a haber cortes de agua, sabía que el mío estaba seguro así que no teníamos agua para el campo ni para nada".
Esto le suponía un problema de regadío porque no sabían cuándo debían cultivar ya que no había una garantía de que iba a haber agua. "Ha habido veranos en los que hemos pasado dos meses sin agua y en Los Valles, cuando hay calor, hay mucho calor, más de 40 grados, así que teníamos que cultivar sin garantías, buscar donde fuera una cuba de agua, hasta el punto de que hemos llegado a pagar más de 10 euros por tonelada en el transporte del agua porque no había y como no había agua en la red, teníamos que tirar de eso".
Para Peraza, la salvación en los entornos rurales es que todavía quedan aljibes. "Lo que pasa es que el día que había agua, todo el mundo quería coger agua y no daba para todos", explica.
"Hemos tenido muchas pérdidas económicas y cosechas que no hemos podido plantar lo que hemos querido porque no había agua, con periodos de un mes sin agua sin poder regar; sobre todo en septiembre y octubre, que suele hacer mucho calor, pero es lo que había así que lo que hacíamos nosotros a través de la asociación era pagar el transporte del agua trayéndola de otra zona diez veces más cara de lo que cuesta", asevera.
Por eso, piensa que el campo necesita un cambio y recuperar la ilusión de tener una garantía porque "ya bastante tenemos con cultivar en esta tierra con un clima tan seco y todas las condiciones meteorológicas en contra sin el apoyo de una red de aguas", sentenció.
Karliana Aguilera tiene su plantación de batatas en el sur de la isla y reconoció que ha habido años muy duros, en los que el sector agrícola lo ha pasado muy mal porque "hemos plantado y no hemos podido regar".
Aunque cree que poco a poco se está avanzando, confía en que este año se consiga llegar a un nivel mejor en cuanto a la disponibilidad de agua con la nueva red que se va a abrir en Tinajo y Teguise, con una línea sólo para agricultores.
"Ha sido complicado, frustrante y desesperante porque hemos visto que teníamos muchos metros plantados y no podíamos regar así que espero que mejore el servicio de ahora en adelante", aseguró.
Para Santiago Padín, gerente de APROLAN, Asociación de Agricultores Profesionales de Lanzarote,"es complicado dar una buena valoración al trabajo que ha hecho Canal Gestión después de todo lo que ha ocurrido estos años con el agua, sobre todo, en el sector profesional de la agricultura, porque han sido años muy duros, en los que ha habido, incluso, que cerrar algunas explotaciones ".
Padín asegura que entienden que el problema es muy complejo y que lo más duro es que no hay una garantía de continuidad del trabajo. "Cuando cultivas y tienes que cosechar, hay unos tiempos determinados y si no puedes cumplir con esos tiempos porque te falta lo fundamental, que es el agua, se pierde el trabajo, el dinero y esfuerzo y eso ha desanimado a muchas personas hasta el punto de abandonar las explotaciones".
"Es una situación que va mucho más allá de que un día, dos o tres falte el agua sino que no puedes planificar tu trabajo del año así que hace falta un cambio porque este formato no ha funcionado. Independientemente de quién sea el responsable, la isla necesita un cambio de infraestructuras, que están obsoletas, que tienen más de cuarenta años en una isla que ha crecido demográficamente una barbaridad, que ha aumentado el turismo una barbaridad y en donde, a pesar de todos los palos en el rueda, la agricultura ha intentado crecer".
"No sé las razones por las que el ciclo integral del agua está como está pero lo que está claro es que así no se puede continuar", concluyó.