domingo. 04.12.2022

Lo que la homofobia nos robó

Todos y todas las que crecimos antes del cambio del milenio y después de el. Sabemos muy bien lo que es ser gais, lesbianas, trans… etc sabiendo que seríamos estigmatizados y no sólo por el entorno escolar o del círculo de amistades. También en el ámbito familiar.

Escuchábamos tantas cosas que en la actualidad se consideraría tóxico como lo de “Los niños no juegan con muñecas, el rosa para niñas el azul para niños, eres mariquita”. Esto no quedaba exento solo para los niños y niñas. Sino que también las mismas conversaciones en celebraciones familiares entre cuñados, tíos, amigos (siempre por parte del género masculino) la mayor parte de sus conversaciones o “bromas” son sobre la orientación sexual al estilo más casposo de Pajares y Esteso pero con la misma toxicidad de Chernóbil.

Yo recuerdo muy bien el temor a ser señalado por mi orientación sexual al igual que imagino que también lo recuerdan los y las demás que lo hemos vívido. Pero en los chicos llega a ser hasta peor. Te cuestionas muchas cosas y muchos porqués de lo que sientes y el porqué no eres como los demás. “Maricón el último” para echar una carrera, “No seas mariquita” para que no seas cobarde (cómo si la orientación sexual tuviera algo que ver con el valor). “Maricón es el que pega a una mujer “ (la violencia de género suele ser por parte de heteros)…. Etc

Entonces ni siquiera existía ninguna serie con contenido inclusivo y la única que llegué a ver en aquel momento era una serie estadounidense que se titulaba Queeral folks. La emitían de madrugada como contenido para mayores de 18 (algo que no era normal) afortunadamente ahora podemos encontrar cualquier serie inclusiva en plataformas como Netflix, hbo o Amazon prime.

Espero que esos tiempos de ocultamiento, vergüenza, oprobio, señalamiento, ignominia nunca vuelvan. A pesar de que están resurgiendo por ciertos discursos muy alejados de los derechos humanos.

Crecer sin ser tú mismo no es crecer en el buen sentido. Todo lo contrario. Es crecer en aprender a cómo ocultarte y adaptarte a una sociedad muy carente de empatía.

En la actualidad muchos de los que usaban toda esa homofobia en plan broma casposa son los que nos denominan “la generación de cristal” porque se supone que “todo nos ofende”. No se equivoquen! Ya no nos ofende, solo que no consentimos que las generaciones venideras y las que ya están sufran lo que nosotros sufrimos.

Solo hay que echar un vistazo a que la homosexualidad existe en 450 especies diferentes. Pero la homofobia sólo en 1.

Adivinen cuál es.

La homofobia nos robó la libertad, la igualdad, el crecer siendo y sentirnos como quisiéramos sin miedo, nos robó muchos momentos que jamás se repetirán y nos quitó algo más valioso. Nuestro tiempo que nadie nos va a devolver. Nos robó el sueño por miedo al bullying homofóbico en la escuela, en la calle, en las reuniones familiares y nos hizo sentir que éramos bichos raros. Pero a pesar de todo ese nefasto latrocinio. No logró quitarnos la valentía para tiempo después no sólo salir del armario sino coger un martillo hacerlo añicos.

Love is Love.

Lo que la homofobia nos robó
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