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Mamá… de pequeño quería ser comunista

Igor Suárez · 1ro de julio de 2017

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Mamá… de pequeño quería ser comunista, para vivir en un mundo utópico donde todos los humanos tuviéramos lo mismo. Quería vivir en una sociedad donde todos fuéramos propietarios de una casa, tener comodidades, recursos energéticos y acceso a la información. Un país donde pudiera tener un coche, un sueldo fijo mensual para mis caprichos y acceso universal a la sanidad y a la educación. Deseaba con todas mis fuerzas habitar en una sociedad de iguales, donde la voz de todos valiera lo mismo y que se decidiera todo por asambleas y que se respetara la voluntad del colectivo.

Mamá… quería ser comunista, para que el estado nos facilitara a todos unos recursos equilibrados y vivir en igualdad de derechos. Ser comunista y vivir en una sociedad, en la que independientemente de haber trabajado mucho o poco, de haber estudiado o vagueado, tuviera lo mismo que el vecino de la puerta de enfrente. Porque para eso somos humanos, ¿no? Y todos nacimos en la Tierra y debemos tener igualdad de derechos sobre ella. Y también creía que la sociedad debería preocuparse de equilibrar de una manera proporcional las riquezas, eliminar las élites y devolver los terrenos al proletariado.

Pero claro, según fui creciendo, vi que existía la ambición y el egoísmo, y que era injusto que alguien que no diera un palo al agua tuviera las mismas propiedades que yo, y entendí que no tenía sentido, ni futuro, ser comunista.

Cuando era adolescente, creía que la solución era ser socialista. Pensaba que el estado debía preocuparse de todos y centrarse únicamente en ayudar a los más desfavorecidos. ¿Cómo era posible que pensáramos en construir carreteras cuando había gente pasando hambre? ¿Cómo podíamos pretender organizar espectáculos deportivos o eventos culturales cuando gran parte de la población tenía dificultades para llegar a fin de mes? ¿Pero a quién se le ocurre invertir en infraestructuras cuando hay personas que no tienen ni para comprar leche o pan?

Pero claro, según fui creciendo, vi que a los socialistas les interesaba generar estado-dependientes; que hacían un uso abusivo del poder para beneficiarse unos pocos y que los impuestos aumentaban a velocidad galopante para poder mantener el chiringuito. Consecuencia de ello, los precios subían, la capacidad de gasto y ahorro disminuía, se producía un receso en el consumo y llegaban los despidos, el aumento de paro y la recesión.

Y me hice mayor, y entendí que la solución era potenciar la economía. Un sistema conservador donde se defendiera el interés de las empresas, facilitando la contratación y con ajustes sobre los impuestos para que la economía acelerara y disminuyera el paro a toda costa. De ese modo, con el dinero circulando en la calle y con mayores recursos económicos de todos, ya nadie tendría tantos problemas. Salvo los que verdaderamente los tenían: gente que no podía trabajar, discapacitados, enfermos, personas con pocos recursos, familias desestructuradas, parados de larga duración, los pensionistas…. a estos el sistema liberal los olvidaba y dejaba de lado (como a ti).

Y además, los casos de corrupción, las adjudicaciones directas, los enchufismos y toda la podredumbre asociada a países tercermundistas, comenzó a adueñarse de España. Y se apoderó de mí la desafección.

Y me quedé sólo. Sin representación. Huérfano en el ámbito político. Desorientado.

Pero todo cambió hace pocos años. Ahí comencé a escuchar que había un partido que defendía la unidad de España, que entendía que la solución era ayudar a los autónomos (los verdaderos motores de la economía española), que quería bajar los impuestos y equilibrar los desajustes autonómicos para que no hubiera ciudadanos de primera y de segunda; que buscaba acabar con la corrupción y poner sistemas que obligaran a la regeneración democrática en los partidos. Y, además, con un gran compromiso social para no dejar abandonados a los que más lo necesitaban.

Y ese día comprendí que con razón me sentía desorientado.

Porque desde pequeño, mamá, yo no era comunista. Yo no lo sabía, pero era liberal progresista.

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