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Sección > El Zurriagazo



LA RENOVACIÓN DEL PP Y LAS EXIGENCIAS PARA PACTAR DE LOS UNOS Y LOS OTROS

CC ha recordado en varias ocasiones al PP que en Tías Pancho Hernández ha tenido estabilidad gracias a ellos. En el surrealista camino hacia la moción de censura contra Pedro San Ginés ahora todo depende de lo que determine Manuel Cabrera y el PIL. En el PSOE sospechan que en el Podemos de Meca y Andrés Barreto están tratando de dinamitar cualquier posibilidad de que los socialistas gobiernen en el Cabildo; lo mismo les ven como el enemigo a batir en las próximas elecciones locales
Crónicas · 7 de noviembre de 2017

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Hace dos fines de semana el Comité Local del Partido Popular (PP) en Tías eligió a un nuevo/viejo presidente, el sempiterno José Francisco Hernández. Aunque el hombre se llama así, es más conocido entre sus feligreses como Pancho, apodo cariñoso que se empezó a usar incluso casi como una imposición en entrevistas serias. "Llámeme usted Pancho", decía el hombre en un estudiado acto de acercamiento al periodista de turno. Era cuando el político nacionalista y de derechas se presentaba ante su público como una especie de Suso Machín Versión 2.0. Todo cercanía, humildad, amabilidad, tolerancia… El tiempo no sienta bien a todo el mundo, es evidente. Esta especie de Mariano Rajoy, resistente contra viento, marea, sorias y todo lo que le pongan por delante, se coló jovencísimo en 1983 en el Ayuntamiento en el que ahora es alcalde, cuando el Partido Socialista (PSOE) de Felipe González causaba furor en toda España (34 años nada menos en una misma institución si no nos fallan los cálculos, con algún intervalo de vuelta al taxi); fue luego, en el arranque de la década de los noventa, uno de los fundadores del Partido de Independientes de Lanzarote (PIL), en aquel entonces un caballo ganador que amenazaba como así fue con quedarse con todo el poder de las instituciones locales y que tenía y sigue teniendo una fuerte base nacionalista; por razones que no vienen al caso y que son largas de explicar, se pasó al PP, y ahí estuvo chupando banquillo en Tías hasta que el desgaste del poder terminó con los huesos de José Juan Cruz Saavedra fuera de una mayoría absoluta que llegó a pensar que jamás perdería. Y es que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. O lo que es lo mismo en versión no delictiva: el poder emborracha. Y borrachos de poder ha habido muchos en el mundo, y unos cuantos en Lanzarote. Ahora, casos como el del ex taxista de Tías, pocos. Como pronosticó la semana pasada el secretario general de los socialistas del municipio sureño, Gustavo Cruz, a Pancho Hernández le terminará pasando lo que le pasó a su hermano, que no fue otra cosa que no supo abandonar el puesto a tiempo. Porque si uno no sabe abandonar el poder, el poder le termina abandonando a uno, y cuando lo hace el final llega de forma despiadada. El poder no es otra cosa en una sociedad democrática que los ciudadanos, los vecinos, que son los que por suerte ponen y quitan políticos en este país que de momento se sigue llamando España.

En el PP todo el mundo sabe, y en Tías más, que el Pancho Hernández de la oposición municipal que tuvo que soportar décadas de aburrimiento supino mientras el Partido Socialista (PSOE) era punta de lanza de la política local se parece como un huevo a una castaña al Pancho Hernández de los dos mandatos consecutivos. Uno que mandó más que él en su partido, que ya es decir, supo que a la erótica del poder hay que ponerle límites. José María Aznar se autoimpuso que un político no podía permanecer más de ocho años en el mismo cargo. Probablemente al final de su segundo mandato, cuando ya se le había subido también el cargo a la cabeza, se arrepintió. Pero fue un hombre de palabra, y no se presentó de nuevo a unas elecciones que probablemente y sin los terribles atentados de los trenes de Atocha, Santa Eugenia y el Pozo habría ganado de calle. Pero Pancho no es José María; ni mucho menos. No tiene su inteligencia, no tiene su preparación, pero sí tiene mucho más desarrollado el instinto de supervivencia. Pancho sabe que quiere seguir otros cuatro años más de alcalde, y si le apuran, otros ocho. Es consciente, porque lo sufrió, de que en la oposición se pasa mucho frío, sabe que a uno no le tratan igual, que es mucho mejor cuando casi todo el mundo está obligado a hacerte la rosca y a reírte las gracias que no tienes. Mucho más duro además para este tipo de personas es dejar la política para regresar a tu profesión, que en su caso la tiene, y muy digna. Pero, claro, no es lo mismo aguantar a pesados que se te suben al taxi que recibir a vecinos a los que uno despacha mucho más a gusto sin tener siquiera que poner buena cara. Gente como Pancho ven ese paso como una degradación. No entienden que la política es un servicio al pueblo que debe ser temporal. Entienden, en su caso está convencido, de que es una profesión.

Dudamos mucho que en el PP de Tías no haya una sola persona con deseos de sustituir al líder. Dudamos incluso que no haya alguien que se lo haya planteado, gente que evidentemente está en contra del férreo marcaje al que este hombre somete a los suyos y al que le gustaría volar por libre. No vamos a meter en líos a nadie, pero haberlos, haylos. Como sucedió en Coalición Canaria (CC) cuando entendieron que la candidatura de Migdalia Machín era una jugada de Pedro San Ginés y de David de la Hoz, cuando Pancho Hernández anunció su intención de repetir una vez más como presidente del Comité Local nadie rechistó. Debieron protestar por lo bajini y en las esquinas de los bares, pero en público ni mu. La diferencia entre CC y PP es evidente: los nacionalistas sí han renovado todos sus comités locales, incluso se han atrevido a colocar a una joven e inexperta parlamentaria al frente de la organización que tiene más poder en estos momentos en Lanzarote. En el PP las cosas son diferentes. Un partido tan claramente presidencialista otorga a sus dirigentes un poder que está muy por encima de los otros cargos y por supuesto por encima de la militancia. El que decide es el presidente. Por eso y sólo por eso Pancho Hernández se ha visto en la obligación de compaginar de nuevo su cargo de alcalde con el de presidente del Comité Local, para seguir mandando, y, sobre todo, para asegurarse de que va a volver a ser cabeza de lista en mayo de 2019. El poder absoluto le hace a algunos ver sombras y enemigos por todas partes. Nos cuentan, además, que su ambición ha crecido (este tipo de personas no tiene freno), y que viendo lo bien que le ha ido a Gladys Acuña, a Dolores Corujo y a Marciano Acuña, tiene intención de que Astrid Pérez le ponga en la lista al Parlamento, o bien de número uno, que sabe que lo tiene complicado, o al menos de número dos. Ya veremos si esto es cierto o no.

Algunos saben la guerra que mantiene este político con algunos medios de comunicación. Es otra de las alforjas que llevan los que se emborrachan de poder. No están vacunados contra la crítica, aunque sea una crítica sana, constructiva y basada única y exclusivamente en el análisis de su gestión del dinero público. Este asunto traerá cola, y lo contaremos en otro momento.

Es cierto que algunos miembros de la oposición han pasado límites que jamás se deberían pasar, insinuando sobre todo en las redes sociales la comisión de delitos sin aportar las pruebas necesarias. Ahora bien, que haya algún miembro de la oposición que lo haga mal no significa que el político afectado lo haga peor. Y Pancho Hernández lo ha hecho mucho peor, porque él sí ha traspasado los límites que la ley, la ética y la razón imponen a su cargo.

Situación de los pactos

Y mientras esto sucede en el interior y en el exterior del PP, donde poco o nada cambia, mientras su presidenta, Astrid Pérez, jura y perjura que no puede meter a camino a la gente de Tías, con los que ha tenido mil enfrentamientos, los populares están intentando gobernar allí donde no gobiernan y podrían hacerlo, especialmente en el Ayuntamiento de Arrecife.

El despierto lector de este confidencial sabe que septiembre se inició con la planificada ruptura que el PSOE de Dolores Corujo hizo de su alianza con CC. Parecía que estaba todo atado y bien atado, que Pedro San Ginés tenía los días contados. Más de dos meses después, lo que está claro es que no está nada claro.

En medio de la revuelta, CC y PP han negociado la incorporación de los tres consejeros que tiene al Gobierno del Cabildo. Con ellos suman doce, y en teoría no podría haber moción de censura. Esa es la teoría, porque la práctica dice que en cualquier momento Manuel Cabrera y el PIL podrían dar el susto. De ahí que las negociaciones entre los nacionalistas y los populares se hayan enfriado tanto. Pedro San Ginés y los suyos no tienen claro que cediendo lo que el PP pide que se ceda, entre otras cosas la gestión de los Centros Turísticos, esté garantizada la estabilidad hasta las siguientes elecciones locales. De ahí que dirigentes como Oswaldo Betancort o Luis Arráez hayan salido en nuestra emisora de radio a recordarles a los populares que su respetado e intocable José Francisco Hernández gobierna con cierta tranquilidad gracias al apoyo de CC, un apoyo que podrían retirar y meter en un lío también a Tías, donde la oposición hace tiempo que tiene los cuchillos afilados a la espera de poder hincarle el diente al filete del poder. Ciencia ficción, si tenemos en cuenta que el concejal que tienen los nacionalistas parece más del PP que el propio José Francisco.

Pero lo que también sabe el despierto lector, porque lo anticipamos en el anterior confidencial, es que aquí ha negociado todo el mundo con todo el mundo. El paripé que se hizo este lunes con la “Mesa de Partidos” propuesta por Somos Lanzarote no fue más que eso, un paripé que en teoría buscaba la foto del acuerdo que de momento no suma. En realidad, fue un paripé que puso de manifiesto las pocas ganas que tiene una parte de Podemos, con su secretario general, Carlos Meca, a la cabeza, de que prospere un pacto que terminaría entregando todo el poder de las dos principales instituciones de la Isla al PSOE. De otro modo no se explica la cantidad de excusas que han puesto desde Podemos para que los socialistas terminen aburridos y den por finalizadas unas negociaciones que también intentaron que fueran por otro lado.

El lado no fue otro que el mismo PP y el PSOE negociaron una alianza sin Podemos y sin Somos Lanzarote en la que entraban en escena el PIL y Ciudadanos, alianza que estuvo a punto de cerrarse. Sin embargo, los populares lo tenían claro: tampoco iban a entregar el control de las dos instituciones a los socialistas, y mucho menos se iban a presentar ante la sociedad lanzaroteña diciendo que mantenían en el puesto a quien han dicho que es el principal problema de la capital, que no es otro que su actual alcaldesa, Eva de Anta. Otro fracaso.

Y de fracaso en fracaso van, mientras Pedro San Ginés y los suyos alucinan. Porque en pocos sitios se ha dado el caso de que una moción de censura se adelante con tanto tiempo y se vaya radiando cada paso que se da. Los más optimistas como Benjamín Perdomo creen que la semana que viene se presentarán once firmas, a las que luego se sumará la que falta, que no es otra que la de Manuel Cabrera. Creen que prosperará la moción de censura y que habrá un nuevo Gobierno en el Cabildo que va a ser capaz de desbloquear todos esos asuntos de enjundia que Cabrera dice que no salen por culpa de vete tu a saber quién. Los más pesimistas creen que la asamblea de Podemos tumbará de forma definitiva el acuerdo, al no aceptar que José Juan Cruz Saavedra sea el presidente que ellos coloquen allí. Y por tanto todo se vaya "pal carajo" y San Ginés sea presidente hasta el fin de los siglos. Los que no quieren ser ni optimistas ni pesimistas acuden atónitos al espectáculo político que se está dando, con la esperanza de que de una vez por todas termine la guerra de guerrillas y todo el mundo se quede quieto en el sitio que le corresponda y se ponga a trabajar de una vez.

Nosotros, como simple pronóstico, creemos que no va a pasar nada más allá de la constatación de que Lanzarote es diferente, que tiene partidos nuevos que practican vieja política, que tiene viejos políticos que quieren pasar como nuevos, que tiene un lío constante que ayuda poco a que la Isla avance y que tiene políticos que se atreven a decir que son demócratas cuando no son capaces de asumir una mínima crítica y se dedican a coaccionar y a censurar a los que tratan simplemente de contar las cosas como son, no como a ellos les gustaría que fueran.

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